SENTENCIA Y EJECUCIÓN EN GARROTE VIL de Victoriano Ubierta, natural de San Julián de Gureba (provincia de Burgos), soltero, de 33 años de edad, soldado distinguido del primer Regimiento de Ingenieros; y de Gregoria Foix y Rambla, natural de Benicarló, de 44 años de edad, viuda, autores del horroroso asesinato de Pedro Batllori, esterero, llevado a cabo en su misma casa de la Calle Conde de Asalto de la ciudad de Barcelona en la noche de 13 de octubre de 1872:
| En la culta Barcelona Madre del conde Wifredo, Cuna de honrados varones, Admiración de los pueblos Sucedió este lance horrible Oigan mis palabras todas En la calle de Asalto, El tal hacía veinte años |
Una criada tenía Para el quehacer doméstico; Gregoria Foix se llamaba Este reptil carnicero, Cuya astucia refinada Supo ganar poco a poco Y quiso recompensar O donación en favor |
El suceso conmovió a Cataluña entera, y circularon romances en castellano y catalán que ciegos y copleros ambulantes, a modo de gacetillas callejeras, extendieron por toda la geografía. Otra de las composiciones empezaba:
| El que va por mal camino para alcanzar un objeto, o nunca llega a lograrlo o al menos jamás completo. Malos medios dan mal fin, Relaciones amorosas, |
En la culta Barcelona, el año setenta y dos un horrible asesinato ira y espanto sembró. En la calle muy concurrida, De la tienda era ya viejo; |
Gregoria mantenía relaciones con Victoriano Ubierna, soldado desertor de ingenieros:
Tal para cual se encontraron
aquellos amantes fieras,
que tramaron un delito
cual pocas veces se oyera.
La criada induce al soldado a matar al anciano para recibir la herencia y poner una tienda. Al principio Victoriano se resiste pero finalmente el 13 de octubre entra en la casa ayudado por los manejos previos de Gregoria:
Ella había ya comprado
seis gramos de opio en bruto
para infundir en el amo
un sueño largo y profundo.
A eso de la medianoche entran en la habitación de Batllori y lo asesinan, a la mañana siguiente tratan de deshacerse del cadáver:
Por disminuirle el bulto
la cabeza le cortaron
y de los brazos y piernas
el cadáver mutilaron.
No es lo único que le cortan:
Y con sangre fría horrible
Cortóle lo que me callo
Pues la decencia lo exige
Y pensarlo causa espanto.
La emasculación era una pieza importante del morbo del romance, por lo que podemos encontrarla en casi todas las versiones:
Diz que al cadáver cortóle
ella las partes secretas;
a que se atreviera sólo
una mujer sin vergüenza.
Del cuerpo, excepto la cabeza, se deshace Victoriano dejándolo en un arroyo próximo a la carretera de Sans. Gregoria se deshace de la cabeza:
Con un trapo de cocina
lió la Foix la cabeza
y arrojóla de mañana
de San Beltrán en las huertas.
Las Huertas de San Beltrán estaban situadas al pie del Montjuich, cerca de la costa.
Sin embargo aparecen los restos:
Al poco fueron hallados
en la Riera de Marsal
los restos del esterero
con asombro general
Gregoria lo niega todo y su amante huye pero no tarda en ser apresado:
A los tres o cuatro días
Gregoria y Victoriano
en la cárcel ya dormían,
puestos incomunicados.
Condenados a la pena de garrote vil, el pueblo acudió en masa a presenciar la ejecución:
Por curiosidad no pocos
y otros por dejar ejemplo
a los niños que acompañan
quieren llegarse a los reos.
La historia ya está terminada, quedaba sólo la coletilla moral. Este era el momento para que los espectadores hurgaran en la faltriquera y bolsillos buscando unas monedas para adquirir el romance:
Con respeto religioso
Los Hermanos de la Sangre
antes de ponerse el sol
recogieron los cadáveres.
¡Escena conmovedora!
¡Espectáculo horroroso!
¡Ojalá que a todos sirva
De escarmiento provechoso!
Procuraremos no desviarnos
de la virtuosa senda
ya que escarmentar podemos
todos en cabeza ajena.
Fuente:
Artículo Romances de ciego por tierras ibéricas de Antonina Rodrigo publicado en la revista Historia y Vida nº 47 (Febrero 1972)


07/13/09 en 11:08 am |
Cuando yo era pequeña una de mis tías nos cantaba estas cosas. Y se empeñaba en que eran canciones preciosas del todo. Menuda pervertida.
07/15/09 en 4:51 pm |
Conozco quien se pasó gran parte de su infancia leyendo “El Caso” para su abuela y amigas. La excusa era que no tenía las gafas, en realidad no sabía leer pero si lo reconocía no valdría el truco de simular que le corrige los deberes.
- Quiero ir a la calle a jugar.
- Cuando termines. ¿Le cortó la cabeza y que más…? ¿las manos? Lees muy rápido, más despacio.
Para que luego digan de internet y la televisión.