Aún en pleno siglo XVIII, con su explosión de racionalidad, los buques fantasmas gozaron de buena salud; la historia de Van der Straaten, un pirata holandés célebre por su crueldad, originó tal vez la historia wagneriana del Holandés Errante; un sinnúmero de denuncias sobre apariciones extrañas o inexplicables en alta mar, se repitieron todo a lo largo del “siglo de las luces”, y se realizaron entonces los primeros intentos de buscar explicaciones lógicas para estos fenómenos.
Una de las más curiosas, a este respecto, fue la aportada por un viejo marino francés llamado Bottineau; este demostró ser capaz de adivinar la cercanÃa de barcos uno o dos dÃas antes de que fuera posible verlos; y de este curioso poder, infirió que la mayorÃa de los buques fantasmas que aparecÃan y desaparecÃan, eran solamente visiones de embarcaciones reales, que surcaban mares lejanos, pero que en virtud de fenómenos ópticos aún desconocidos, eran vistos por hombres situados a mucha distancia. Llamó a su método de análisis de estos fenómenos, la nauscopÃa, y sus tesis recibieron en la Francia revolucionaria el apoyo de prestigiosas figuras, entre las cuales se contaba Jean-Paul Marat.
Revista: Nueva Historia nº 25 – Febrero 1979
El misterio de los buques fantasmas, Lincoln E. Maiztegui Casas
08/24/08 a las 12:14 pm |
He expropiado tu anotación :P En el antiguo Nauscopio, el copyleft estaba en nombre de Nauscopia (sin tilde, eso sÃ).
- Un saludo -
08/25/08 a las 12:42 pm |
Nauscopia es una palabra preciosa.