En la última mitad del siglo XIX en Inglaterra uno de cada tres soldados que entraba en una enfermerÃa militar lo hacÃa por enfermedad de transmisión sexual. Para reducir estas cifras la Cámara de los Comunes británica aprobó en la década de 1860 un conjunto de leyes, conocidas como Contagious Diseases Acts, que se aplicaban en aquellas zonas donde estuvieran acantonados soldados, puertos principalmente. Estas leyes permitÃan a la policÃa, basándose en la sospecha de que una mujer ejercÃa la prostitución, detenerla y llevarla a un hospital para que sus genitales fueran examinados por un médico. Si se encontraban signos de enfermedad venérea debÃa quedarse en el hospital tres meses. Este perÃodo podÃa alargarse hasta el año según las modificaciones realizadas a las leyes en 1869. Para que una transeúnte fuera llevada al hospital bastaba la sospecha de un policÃa, quien se negara a ser examinada sufrÃa pena de cárcel y la medida era exclusiva para mujeres, ninguno de los clientes padeció trato similar.

No todas las mujeres detenidas por la Contagious Diseases Acts eran prostitutas, fueron varias las “mujeres respetables” que padecieron los exámenes, y muchas más las que consideraron injustas las medidas, lo que no podÃan imaginarse los legisladores era que las “mujeres respetables” se atrevieran a hacer público su descontento. La Ladies National Association for the Repeal of the Contagious Diseases Acts (NARCA) se posicionó contra leyes a las que acusaba de hipócritas, de aplicar una doble moralidad y de atentar contra los derechos individuales. En respuesta se intentó articular otros grupos femeninos favorables a la Contagious Diseases Acts pero no funcionaron y ninguna de las enfermeras que apoyaron las leyes, como manera de prevenir que las esposas fueran contagiadas por sus maridos adúlteros, tenÃan la capacidad de debate, el talento y la personalidad de Josephine Butler, una de las dirigentes de la NARCA. Hoy asombra la capacidades de acción de una organización cuyas activistas no podÃan votar y que actuaron con una enorme astucia polÃtica presentando candidatos en elecciones secundarias, formulando preguntas en las elecciones generales e interpelando a miembros del Parlamento en plena sesión. Sorprende el éxito de este grupo de presión que en apenas 15 años de lucha y discusión consiguió derogar la Contagious Diseases Acts. Sin embargo a sus contemporáneos lo que les resultaba sorprendente era escuchar a Josephine Butler, una mujer aparentemente decente, hablar desde una tribuna pública sobre el sexo.
¿De dónde sale esto? El descubrimiento de Josephine Butler y la NARCA procede del libro Las sufragistas (valoración social de la mujer) de Trevor Lloyd aunque no hubo una estrecha relación entre ambas campañas:
La campaña contra las Leyes contra las Enfermedades Contagiosas, en Inglaterra, fue mantenida separada del movimiento en pro del voto femenino, por el temor de que pudiera aparecer el voto para la mujer como una causa poco respetable [...].
La imagen no responde a la época pero si a las mismas preocupaciones. American Social Hygiene Posters ca. 1910-1970, colección de imágenes y advertencias del gobierno estadounidense sobre la salud e higiene, contiene un muestrario de los carteles de aviso a soldados para no ser baja por “pin-up”.
07/2/08 a las 10:25 am |
Hay que joderse! Y no les dio por coger a los soldados y rasparles el pene con una cuchilla a modo de escarmiento, eso no.
07/3/08 a las 12:34 am |
No, no se les pasó por la cabeza. Me parece que tiene que ver con aquella respuesta que dió Diógenes cuando le preguntaron por qué los poderosos daban limosna a los pobres y no a los filósofos: Porque algún dÃa pueden llegar a verse en la pobreza, pero de lo que están seguro es que nunca serán filósofos.