De la invulnerabilidad: armas y bebida

By fraxi

La coraza: Durante siglos se trató de descubrir cual era el secreto de la coraza mágica que Vulcano había forjado para Aquiles, una coraza que resistía todas las armas y cuya sola visión era capaz de ahuyentar al enemigo. Se hablaba de una misteriosa materia llamada “electrum” pero nadie podía descifrar la fórmula de tan misterioso metal hasta que Paracelso descubrió la fórmula.
Había que mezclar los metales adecuados bajo la constelación idónea, en la composición intervenía oro, plata, cobre, acero, estaño, plomo y mercurio. Debido a la cantidad necesaria de los dos primeros metales el electrum magicum estaba sólo al alcance de personas muy pudientes. Los ritos para la fabricación eran complicadísimos y debían de estar guiados siempre por procedimientos “marciales”. Los instrumentos empleados, el yunque, fuelle, martillo y tenazas, debían haber sido fabricados en la constelación adecuada, generalmente bajo los influjos del planeta Marte, el dios de la guerra. El unico fuego “marcial” era el procedente del rayo, que caía del cielo con el estruendo del trueno, se tendría que recoger del lugar donde hubiera prendido y mantenerlo hasta la época propicia para la forja.
Una vez que los siete metales se fundían bajo siete constelaciones distintas se necesitaba que el herrero alcanzara un estado de ánimo marcial que se elevase por encima del estado gris de la vida ordinaria. El camino más seguro consistía en recitar con voz estridente, durante el trabajo de forja, hexámetros heroicos.
Incluso los elementos secundarios de la coraza debían tener su potencial mágico, las correas de la pieza debían de ser de piel de hiena o de lobo, pues ambos animales eran considerados marciales. Si la piel se le había arrancado a un animal vivo su poder sería mucho mayor.

La espada: Para forjar una espada mágica era preciso reunir ingredientes fantásticos, cuya sola enumeración pone los pelos de punta.
El filo debía ser de una espada con la que ya se hubiera matado a un ser humano. La vaina debía fabricarse de los radios de una rueda empleada por el verdugo para aplastar el cuerpo de un reo. La empuñadura debía hacerse con el hierro de una cadena con la que hubiesen colgado a alguien en la horca. La vaina debía cubrirse con un paño que… sanguis menstruus primus virginis.

La montura: Para infundir valor a la montura se fabricaba freno y herraduras con hierro que hubiese matado a alguien. Las herraduras así fabricadas convertían al corcel en valeroso, rápido y ágil; tantas virtudes que sólo podía ser controlado por una freno realizado por el mismo material. Para evitar que el caballo se cansase se colgaban de las riendas unos dientes de lobo que le permitían galopar jornadas enteras sin descanso.

El brebaje del valor: A pesar de todo este armamento en el pecho del soldado todavía podía anidar la cobardía que podía ser desalojada de allí por medio de bebidas de valor. En los tiempos de la Guerra de los Treinta Años se le llamaba Aqua Magnanimitalis, “agua de la magnanimidad”. He aquí la receta:

En medio del verano, da golpes en un hormiguero con el látigo de montar, para que las hormigas destilen de su cuerpo, por el miedo producido, un líquido de fuerte hedor, muy picante. Toma una cantidad cualquiera de dichas hormigas, encerrándolas en una retorta. Llena dicho recipiente con aguardiente fuerte en estado puro, sin mezcla alguna; tapa la boca de la retorta y déjala expuesta a los rayos del sol. Déjala así durante quince días. Luego destílalo todo, y en el líquido así obtenido por media onza de canela.

Modo de empleo: Antes de cada batalla había que mezclar media cucharadita de este brebaje con un poco de vino de marca. Inmediatamente el soldado podía notar como el valor y el heroico entusiasmo tomaban posesión de su cuerpo. ¿El aguardiente? ¿el vino?… no, ese entusiasmo era debido a que había tomado posesión del instinto marcial de las hormigas, unos seres sumamente belicosos.

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Libro:
Historia de la estupidez humana, István Rath – Vegh

4 comentarios para “De la invulnerabilidad: armas y bebida”

  1. elpeor Dice:

    se llama el libro historia de la estupidez humana?
    jajaja
    no da tiempo en una vida a escribir libro tan largo.

  2. Ginebra Dice:

    Bueno, es un detalle que al menos el vino tenga que ser de marca.

  3. Don Gaiferos Dice:

    A lo nuestro y sin intención de abusar:

    Bobadas. Recuerde usted a los nuestros, a los nuestros inmediatos; a aquellos que siguiendo la congenita y nacionales mania de escabecharnos unos a otros, participaron en la puta guerra civil. Pues bien, unos y otros, creyentes o ateos, pronbado está que movían el culo por los frentes con un “tente-bala” amarrado a los colgones. Tenente-Bala, especie de escapulario que se colgaba del cuello con la esfinge de santos benignos, o, estampa devota que cosida a la resudada camiseta de los combatientes venia a decir gilipolladas como la siguiente: “Tente tu; tente bala, que Dios puede más que esta diablada”. Otra cosa, su brebaje del valor es cosa de niños de teta al lado de aquel que la desgraciada soldadesca española engullía con el nombre de “saltaparapetos”. Pero somos así. ¡Que le vamos a hacer!

    Un saludo

  4. Arc Dice:

    Yo le apunto dos detalles de invulnerabilidad:

    - Los camiones reforzados con colchones. Se decía que debido al giro de la bala esta se enroscaba en las hebras del relleno interior y se detenía. Si además se colocaban faldas metálicas laterales para proteger los neumáticos se conseguía que el “blindado” se atrancase en cualquier bache o irregularidad del terreno.

    - Los “adrian”. Algunas remesas del casco francés usado en la I Guerra Mundial se vendieron a la República. Estaba muy extendido su uso incorrecto, colocándolo al revés, creyendo que la cresta era un refuerzo frontal.
    http://www.cascoscoleccion.com/espana/esadri.htm

    Un saludo.

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