¡San Jorge, San Jorge!

By fraxi

Explica el señor Deleito y Piñuela en su libro “…también se divierte el pueblo” como era esto de los toros en la España de Felipe IV. Les recomiendo el libro y dejo unos breves apuntes mencionando algunos detalles que me llamaron la atención del capítulo dedicado a la tauromaquia.

El protagonista del espectáculo era el rejoneador, casi siempre de noble cuna y que participaba en el evento para demostrar su valor y lucirse ante las damas. Los diestros a pie, sin la categoría de los anteriores, clavaban al toro saetas, equivalente a las banderillas actuales, y en ocasiones se “envaraba” al animal: “consistía en lanzarle desde la barrera palos provistos de una punta en forma de anzuelo, que, por su número, cubrían literalmente al animal”.

La acción de clavar la espada al toro la reservaban los preceptistas del toreo al momento en que el toro cometiera una “ofensa” contra el rejoneador. Podía tratarse de derribarle la pica, hacer que se cayera la capa o el sombrero o herir al caballo que monta, en ese caso el jinete sacaría la espada y trataría de clavársela sobre la cabeza o el cuello, esta acción podía realizarse desde el caballo pero si este se negara a avanzar echaría pie al suelo y acometería desde allí.

Había también una variedad de lidia a caballo con lanza y otra variante peligrosísima con lanza a pie para la cual había que pedir un permiso especial. Se esperaba al toro frente al toril, rodilla en tierra, si el lancero era hábil y fuerte el animal moría al clavarse la lanza con el ímpetu del ataque, si no, la cogida era segura.

Una vez que el toro estaba cansado por el rejoneo y las capeas de los peones se daba una señal de trompetas para desjarretarle. Consistía esto en cortar los tendones de la patas traseras por medio de una espada o puñal aunque más adelante se empleó una arma “ad hoc”, una vara de fresno de 20 palmos de largo y filos en forma de media luna. Con el toque a desjarrete los caballeros abandonaban la lidia y era entonces, con el toro cojo, cuando la multitud era libre para acabar con el animal a estocadas y cuchilladas.

Allí es donde el pueblo bajo hace ver su inclinación sanguinaria, pues los que pueden alcanzarle no se creerían hijos de buena madre si no mojaran sus dagas en la sangre de aquel animal… A veces, cuando el acercarse a un toro ofrece demasiado trabajo y peligro, se suelta contra él a los perros, y el mayor placer consiste en pincharle y golpearle por delante y por detrás, a la vez que los perros le sujetan.

Se procuraba mantener el interés del público añadiendo nuevos espectáculos que variasen de una corrida a otra eran las invenciones y mojigandas (cuando estás variantes tenían un interés cómico). Dentro de estas últimas estaba hostigar al toro con un trapo de colorines desde un hoyo y esconderse en él cuando llegaba para que embistiera el suelo, atacarle defendiéndose con una carretilla, utilizar testaferros y dominguillos (muñecos de figura humana de cartón, paja, cuero relleno de aire y pies de plomo que los sostenía derechos y les permitía mantenerse “en pie” tras la acometida del toro), emplear como lidiadores a bufones y enanos que huían del toro haciendo burlas y muecas…

En lo que respecta a las invenciones Deleito y Piñuela destaca:

- La Suiza: Un pelotón de hombres armados con la alabarda conocida como “la suiza” esperaba la acometida del toro. Una vez producida ésta ensartaban en él todos a la vez sus armas y lo levantaban en el aire. No fue de uso frecuente más que en Andalucia.

- Invenciones americanas: Las realizaban por lo general esclavos criollos y existían varias modalidades. En una de ellas se lanzaba un lazo a los cuernos del toro mientras que el otro extremo se ataba a la cola del caballo, el jinete giraba alrededor del toro hasta derribarlo. Otra variante consistía en enmaromar a un toro, ensillarle y montarle para después lidiar a otro toro. No siempre esto salía bien, a veces el toro montado salía por peteneras cuando se abría el toril, a veces mandaba al suelo a su jinete.

- Toros acuáticos: Se lanzaban los toros al agua por una rampa y allí, nadando o en lanchas, los recibían los lidiadores. El rey Felipe IV, que lo había visto en Valladolid en las aguas del Pisuerga, quiso intentarlo en Madrid y se probó en el Retiro y el Manzanares, pero no funcionó, las pocas reses que conseguían llegar al agua salían velozmente de allí.

- Toros Encohetados: Se colocaban artificios de polvora en los cuernos y cola, también se le ponían rejones provistos de fulminante y polvora que se inflamaba al clavarse en el animal.

- Salto: Se colocaba una mesa a la puerta del toril y sobre ella el diestro, cuando el toro aparecía se saltaba sobre el cayendo en la parte trasera del animal. En Madrid hubo un lidiador especializado en este lance conocido por “Julian el de la Mesilla”.

La afición taurina llegaba hasta el rey Felipe IV, con ocasión de la visita a la ciudad de Sevilla en 1624 se organizó una corrida en su homenaje en la que participó: “El propio monarca mató tres toros con su arcabuz; ejercicio de puntería que repitió en otras ocasiones”. No cuenta Piñuela si fue vitoreado, tampoco tuvo ocasión de ver pañuelos porque estos llegarían después, la prueba de disgusto, de mala faena, era el grito en las gradas de ¡San Jorge, San Jorge!.

Libro:
… tambien se divierte el pueblo, José Deleito y Piñuela

2 comentarios para “¡San Jorge, San Jorge!”

  1. Gin Dice:

    Madre mía, qué burradas.

  2. it Dice:

    senza parole.
    Buen título, Arc.

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