En 1611 el verdugo de la ciudad alemana de Passau Kaspar Neithart hizo negocio con los mercenarios que estaban en la ciudad vendiéndoles unas papeletas llenas de sÃmbolos y frases mágicas que les protegerÃan en el combate. El hecho de que una papeleta donde se escribÃa “Arios, Beji, Glaigi, Ulpke, nalat, nassa, eri, lupie” pudiera proporcionar algún tipo de protección llevándola al cuello o tragándosela era un completo misterio, pero las palabras llenas de mÃstica y el hecho de que las confeccionara un verdugo pareció dar prestigio a las papeletas de Passau que pronto se pagaban a precio de oro. El negocio era perfecto ya que si el cliente morÃa no tenÃa ocasión de quejarse y si era herido se debÃa a que el enemigo usaba una magia mayor pero que al menos su amuleto habÃa sido efectivo a la hora de librarlo de la muerte. El verdugo de Passau se enriqueció, otra “prueba” de la efectividad de los papelitos, y el remedio se hizo popular entre los mercenarios bajo el nombre de Passauer Kunst, o, “arte de Passau”.
El Passauer Kunst fue eclipsado por un competidor que prometÃa un éxito todavÃa mayor: el táler de Mansfeld. La moneda se habÃa acuñado por orden de los condes de Mansfeld en memoria de su antepasado Hoyer Mansfeld afamado por haber nacido gracias a una cesárea y por su suerte en la guerra donde jamás perdió una batalla. Su lema proclamaba su gloria:
Ich, Graf Hoyer, ungeboren,
Hab’ noch keine Schlacht verloren
(Yo, conde Hoyer, que no nacÃ, nunca he perdido una batalla)
Las monedas Mansfeld, acuñadas durante la Guerra de los Treinta Años, llevaban en una cara este lema y por la otra una imagen ecuestre de San Jorge. La fama de que sus propietarios heredaban la invulnerabilidad en el combate de Hoyer Mansfeld disparaba las demandas de esta moneda por la que se llegaba a pagar diez o doce táleros corrientes.
Sin embargo unas de las preocupaciones era la invulnerabilidad del enemigo, un enemigo demasiado victorioso se convertÃa en sospechoso de Festmachen, un pacto con el demonio para obtener la invulnerabilidad. Los periódicos contaban como habÃan sido sorprendidos soldados de otros paÃses evitando tragarse la hostia consagrada para dedicarla a la invocación diabólica. Contra estas maldades reaccionó la Sociedad alemana de Medicina y Ciencias Naturales por medio de un artÃculo en su revista conocida por el abreviado tÃtulo de Ephemerides. No se dudaba de la posibilidad del “Festmachen” sin embargo existÃa un útil remedio contra él:
El texto latino expone con cruda franqueza el procedimiento; al reproducirlo será preciso usar de algunas cincunlocuciones. Si alguien se dispone a luchar contra una persona sospechosa de mantener relaciones demasiado cordiales con el diablo, tiene que hundir primero la punta de su espada o sable en excrementos de cerdo. Ha de llevarse a la boca la bala, antes de colocarla en el cañón del fusil, o, mejor dicho, no precisamente a la boca, sino a una parte completamente distinta del cuerpo. Con estos dos actos, el diablo queda deshonrado, se molesta, se enfurece, huye y abandona a su suerte a su compinche humano, el cual se vuelve inmediatamente tan vulnerable como cualquier otro mortal.
Este era el punto de vista “cientÃfico” en el año del Señor de 1691.
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De la invulnerabilidad: Tesoro misterioso de los héroes
Libro:
Historia de la estupidez humana, István Rath-Vegh
06/3/08 a las 8:18 am |
SÃ, lo de pringar el arma en caca de cerdo y luego llevárselo a la boca resulta muy cientÃfico.