O el El anestesista fantasma de Mattoon
“Merodeador anestesista suelto”, fue el titular del “Dayly Journal Gazette” de Mattoon, Illinois, el 2 de septiembre de 1944. Y a continuación decÃa: “La señora Kearney y su hija fueron las primeras vÃctimas” La noche anterior, la señora estaba en su casa con sus dos hijas pequeñas, mientras el marido estaba en su trabajo.
La señora Kearney se habÃa despertado al notar un repugnante olor dulzón que entraba en su dormitorio y llenaba la casa. Al intentar levantarse, comprobó que tenÃa paralizados las piernas y el torso. Pudo llamar a un vecino, quien a su vez contactó con el señor Kearney, quien se precipitó de inmediato a casa. Al frenar el auto en el acceso a su garaje, el señor Kearney vislumbró, o creyó hacerlo, a un merodeador nocturno que iba vestido de negro, con un gorro sumamente ajustado. Le persiguió, pero el intruso pudo huir. Mientras tanto, la señora Kearney empezaba a recuperar el uso de las piernas. A la noche siguiente, una segunda mujer telefoneó a la policÃa relatándole la misma historia. Durante las dos semanas siguientes, los habitantes de Mattoon comunicaron un par de docenas de ataques similares, y todos calificaban el aroma del gas incapacitante -que los dejaba con los labios hinchados, sintiendo naúseas y casi paralÃticos- como una mezcla de perfume barato y olor a flores en descomposición. No faltaron quienes aseguraban haber visto al asaltante y escuchado el sonido silbante de su pequeño cañón de gas. La policÃa organizó una caza del malhechor y formuló la hipótesis de que podÃa tratarse de un manÃaco sexual, un cientÃfico trastornado, o un ex militar bien entrenado en guerra quÃmica. Vigilaron la zona y no encontraron a nadie y con el tiempo la policÃa empezó a sospechar que el anestesista nocturno no existÃa. Pocos años después un grupo de psicólogos que investigó el caso diagnosticó que allà se habÃa producido una histeria colectiva, agravada por la ansiedad de la separación que la guerra causa en las parejas y que las amas de casa estaban sintiendo profundamente.
Nota: El resumen de la historia procede de El libro de las listas (3) de David Wallechinsky, Irving Wallace y Amy Wallace, en él emplean un apellido ficticio (Corbin) para referirse a la mujer que padeció el primer “ataque” como el apellido real (Kearney) se puede obtener en la wikipedia (de hecho hay un escaneo de la noticia que he empleado para ilustrar el post) he optado por sustituirlo,
Más información:
- O “Gaseador Louco” de Mattoon por Robert E. Bartholomew
- Wikipedia: The Mad Gasser of Mattoon (inglés)
La señora Kearney se habÃa despertado al notar un repugnante olor dulzón que entraba en su dormitorio y llenaba la casa. Al intentar levantarse, comprobó que tenÃa paralizados las piernas y el torso. Pudo llamar a un vecino, quien a su vez contactó con el señor Kearney, quien se precipitó de inmediato a casa. Al frenar el auto en el acceso a su garaje, el señor Kearney vislumbró, o creyó hacerlo, a un merodeador nocturno que iba vestido de negro, con un gorro sumamente ajustado. Le persiguió, pero el intruso pudo huir. Mientras tanto, la señora Kearney empezaba a recuperar el uso de las piernas. A la noche siguiente, una segunda mujer telefoneó a la policÃa relatándole la misma historia. Durante las dos semanas siguientes, los habitantes de Mattoon comunicaron un par de docenas de ataques similares, y todos calificaban el aroma del gas incapacitante -que los dejaba con los labios hinchados, sintiendo naúseas y casi paralÃticos- como una mezcla de perfume barato y olor a flores en descomposición. No faltaron quienes aseguraban haber visto al asaltante y escuchado el sonido silbante de su pequeño cañón de gas. La policÃa organizó una caza del malhechor y formuló la hipótesis de que podÃa tratarse de un manÃaco sexual, un cientÃfico trastornado, o un ex militar bien entrenado en guerra quÃmica. Vigilaron la zona y no encontraron a nadie y con el tiempo la policÃa empezó a sospechar que el anestesista nocturno no existÃa. Pocos años después un grupo de psicólogos que investigó el caso diagnosticó que allà se habÃa producido una histeria colectiva, agravada por la ansiedad de la separación que la guerra causa en las parejas y que las amas de casa estaban sintiendo profundamente.