En la transici贸n de los siglos V al VI el obispo Fulgencio (467-532) se tom贸 un respiro en su azote del arrianismo y se embarc贸 en la tarea del libro “De aetatibus mundi et hominis”, una narraci贸n de todas las cosas pasadas y futuras, una historia universal dividida, y no casualmente, en veintitr茅s libros.
El plan de Fulgencio segu铆a un esquema trazado anteriormente por Trifiodoro, cada libro abandonar铆a una de las letras del alfabeto latino (de ah铆 los 23 libros). En el primer libro, desaparece la A y por lo tanto en su narraci贸n del G茅nesis hay que hacer circunloquios para no mencionar a Ad谩n. En el segundo libro desaparece la B y as铆 sucesivamente. Su deseo, expresado en el pr贸logo, es dedicar los 9 primeros libros a la historia b铆blica, despu茅s viene el reinado de Alejandro, la Rep煤blica romana, la vida de Cristo y los hechos de los ap贸stoles y se interrumpe bruscamente en la vida de Juliano el Ap贸stata en el libro XV dedicado a los emperadores romanos. La obra terminar铆a en el Apocalipsis y sin la Z donde tendr铆a que encontrar “sin贸nimos para la tribu de Zabul贸n y para el “topazium” (topacio), que constituye el noveno fundamento de la Nueva Jerusal茅n.
Los lipogramas (=letra abandonada), que as铆 se llaman este recurso o juego literario, fueron reivindicados en el siglo XX por Georges Perec que consideraba la limitaci贸n ling眉istica un fin en si mismo, fueron tambien maldecidos por autores como Joseph Addison que no entend铆a como “la palabra m谩s id贸nea y elegante del lenguaje era rechazada, como un diamante con tara, si ten铆a el estigma de una letra prohibida”. Sin embargo la tarea de Fulgencio no tiene nada que ver con el prop贸sito de Perec, no se trata de una exhibici贸n de destreza, su prop贸sito era otro:
La verdad se manifestar谩, de un modo u otro. Su Dios era el Dios de san Juan, la Palabra que exist铆a al principio de los tiempos. El Lenguaje mismo -no los lenguajes particulares- era semejante a Dios; eterno, creativo, humano y, sin embargo, trascendente a cada individuo. Ad谩n fue la imagen de Dios, sobre todo, cuando se le permiti贸 nombrar la creaci贸n. Si Dios estaba en el lenguaje y con el lenguaje, por mucha elipsis, retru茅cano o esquema forzado que se le pusiera por delante, 脡l encontrar铆a una v铆a para expresarse. Lejos de ser una arrogante demostraci贸n de superioridad creativa, el juego ling眉铆stico de Fulgencio era una prueba de su participaci贸n en lo divino y un ejercicio de humildad ante el Dios eternamente evasivo y siempre presente.
Ten铆a pensado construir este post como un lipograma en “a” o “e” pero me venci贸 la “enormidad” de la tarea. Sin embargo creo que de manera inconsciente, y si los enlaces no cuentan, faltan algunas letras en el post. Quede esta declaraci贸n como ejemplo de mis buenas intenciones (y mi pereza).
Libro:
La biblioteca de los libros perdidos, Stuart Kelly