La batalla franco-espaola de Londres

By fraxi

En el mes de septiembre de 1661 iba a llegar a Londres un nuevo embajador de Suecia. El protocolo indicaba que tras el desembarco junto a la Torre una carroza del rey debería trasladarlo a Whitehall. A la comitiva real deberían seguirla, engalanadas, el resto de carrozas con los diplomáticos de otros países. Pero ¿qué país tendría el privilegio de seguir la carroza del nuevo embajador?. Dos estados reclamaban ese derecho: Francia y España. El rey inglés no hizo nada por arreglar la situación pero sabiendo como se las gastaban en cuestión de “protocolo” estos países dispuso un cordón militar alrededor del punto de llegada del embajador. Este cordón militar no tenía como función evitar el enfrentamiento si no separar a los curiosos espectadores ingleses de los contendientes extranjeros.

Y llegó el día. La hora de llegada del embajador estaba fijada para las 3 de la tarde. A las 10 de la mañana había llegado la representación diplomática española que incluía 50 hombres de armas, los franceses llegaron más tarde, obtuvieron peor puesto pero lo compensaron con ciento cincuenta hombres, de ellos 50 a caballo. Llegó la barcaza y desembarcó el embajador. Los contendientes tomaron posición. Cuando el embajador Sueco ocupó su asiento en la carroza real y ésta arrancó. Comenzó la pelea. Los españoles formaron un cuadro de combate que permitió cubrir su carroza, mejor colocada, y que ya seguía el vehículo del embajador. Cargaron los franceses contra la defensa española a tiros y estocadas, los españoles se apresuraron a matar a los caballos del carruaje frances, expulsaron al cochero del pescante y mataron al postillón. La caballería gala evitó la línea de defensa y salió en persecución de la carroza española. Colocados a la par trataron de cortar los enganches y las correas del carruaje español, pero por muchas tajos que se le daba aquello no rompía de ninguna manera. El embajador español había empleado cadenas de hierro, forradas de cuero, para enganchar los caballos. Los españoles llegaron a continuación del vehículo del embajador sueco. En las calles londinenses quedaron cuarenta heridos y doce muertos, uno de ellos un espectador londinense que recibió un balazo en la cabeza.

Las reacciones diplomáticas no se hicieron esperar. Luis XIV ordenó que el embajador de España en París devolviera sus credenciales y que sus embajador en Madrid exigiese el castigo de los culpables y el compromiso de que jamás los embajadores españoles disputarían la precedencia de los franceses. Se decía que la no aceptación de estas condiciones significaría la guerra. Las condiciones fueron aceptadas, el Marqués de la Fuente manifestó solemnemente, en presencia de toda la corte de Francia y veintiseis embajadores extranjeros, que su rey reconocía el derecho de prioridad de Francia. Sin embargo hasta agosto de 1761 no quedó zanjado definitivamente el tema de las prioridades. Se estableció que la precedencia se determinaría por la fecha de llegada, teniendo prioridad Francia en el caso de que los embajadores hubiesen llegado en el mismo día.

Libro:
Historia de la estupidez humana, Istvàn Rath-Vegh

Enlaces:
- Hay una anotación del Diario de Samuel Pepys (30 septiembre de 1661) que habla sobre el incidente. Se puede obtener mucha más información de los comentarios de los lectores que dejan valiosos enlaces para ampliar la historia.
- Diplomacia. Origen de la palabra
- Los negocios de Luis XIV en Madrid: la acción de sus embajadores en la corte madrileña por Ana Álvarez López

4 comentarios para “La batalla franco-espaola de Londres”

  1. Don Gaiferos Dice:

    Cosas de españoles. Sin más.

    Siglo XVII: Cortesanos hubo que se enzarzaron a mandobles y en lo sucesivo se guardaron gran inquina por un puesto de preeminencia a la hora de ver cagar al rey mientras comía. Y no hay coña en el comentario.

    Vamos, que su articulo me ha hecho pensar en un Linneo que de nombre cabal a estas estúpidas algaradas.

    Una que me sobrecoge por la naturaleza de sus participantes: En 366 – o por ahí- cuando Dámaso fue elegido obispo de Roma, la pastizara, bienes y donaciones de la gente adinerada se había hecho tan abundosa – con lo que el derecho al cargo era discutido con suma virulencia – que al final de la jornada se contaron ciento treinta y seis cadáveres. A este Dámaso le decían “auriscalpius matronarumn” (halagador del oído de las matronas), por la maña que se daba en sacar de las mismas legados y donaciones.

    ¿A qué no adivinan ustedes el origen del buen Dámaso?

  2. Arc Dice:

    Rath-Veigh intenta la clasificación, el traductor del libro cuando se refiere a la etiqueta española lo califica, en la mayor parte de los casos, de leyenda negra; cuando habla de la etiqueta francesa lo amplia en ejemplos y se asombra de que el autor no conozca casos tan notorios:

    “Me preguntó por qué razón el sabio autor ha suprimido en la minuciosa descripción de las ceremonias de la Corte de Luis XIV, la de ciertos menesteres humanos, demasiado humanos. Paul Reboux, en insigne publicista francés, en sus libros dedicados a la vida cortesana de su país, narra con muchos detalles cómo se trajinaba con cierto artefacto en presencia del rey Sol, cómo este se colocaba solemnemente en su asiento, y cómo los altos dignatarios presentes fingían recibir en su órgano olfativo los más suaves y dulces aromas que quepa imaginar… (N. del T.)

    Sin embargo la tarea linneana es propia de alemán, como el doctor L. Loewenfeld que en su “Ueber die Dummheil” (Munich, dos ediciones 1909 y 1921), intentó clasificar las variantes de tontería y estupidez del género humano.

  3. Don Gaiferos Dice:

    CORRECTO.

    Por puro cachondeo, que no más, acaso divierta volver a una posada que titulé: “El Pene del Delfín… de Francia”. Caso de que alguien se interese por ella, ruego ponga atención en las notas, donde se cita a José Deleito Piñuela, autor imprescindible para el cabal entendimiento de la nacional bobería cortesana.

    Otra cosa: Tengo alguna referencia “cruzada” de los “Avisos de Barrionuevo”, canónigo toledano, creo, que, mediante cartas a un amigo zaragozano, creo también, sacaba lustre a infinidad de hechos cortesanos. Si esta en su mano le agradecería nos ilustrara a su incondicional corte sobre el tema.

    Un saludo y Gracias.

  4. itita (buena y bonita) Dice:

    jajajajajaaaaa…… venía yo a decir la frivolidad de “qué apasionante manera de ejecutar el protocolo (¡aprendan los pittigrillianos, los marchessianos y los de Urbina…!) cuando hayo el triple premio de comentarios tan enjundiosos.
    ¡Suerte tengo, cachissssssss!

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