Durante siglos, hasta mediados del XIX, sólo los “toshers” conocÃan el mundo subterráneo. Quienes trabajaban en el alcantarillado limitaban sus movimientos a una pequeña área del laberinto, para no extraviarse y morir. Los toshers estaban dispuestos a correr el riesgo, recorrÃan durante toda su vida las catacumbas, las cloacas, las grutas, los rÃos negros, y los más destacados de entre ellos presumÃan de conocer secretos que la humanidad ignoraba.
En “London’s Underworld”, uno de los tomos de su enciclopédico testimonio sobre la pobreza y la delincuencia en el Londres Victoriano, Henry Mayhew explica que los toshers se consideraban a sà mismos una raza superior, una élite proletaria que trabajaba por cuenta propia y que, en algunos casos, hacÃa fortuna:
Muchas personas se introducen por las aperturas del alcantarillado en los bancos del Támesis cuando la marea está baja, armadas con palos para defenderse de las ratas. Llevan una linterna para iluminar los tétricos pasajes y recorren millas bajo las concurridas calles en busca de los tesoros que caen desde arriba. DifÃcilmente puede concebirse una búsqueda más deprimente. Muchos han caÃdo en esos peregrinajes y no se ha sabido más de ellos; algunos se intoxican con los vapores venenosos, o se hunden en el cieno, o son presa de una banda de ratas voraces, o son sorprendidos por un súbito aumento de las corrientes.
Los toshers eran maestros en el conocimiento del complejo mecanismo de las mareas internas de la ciudad y sabÃan orientarse en el laberinto subterráneo. Jamás revelaban sus conocimientos: para convertirse en un tosher, habÃa que iniciarse desde niño y seguir a un veterano hasta ser capaz de orientarse solo y sobrevivir. El oficio de tosher no se enseñaba, se aprendÃa. Cada uno de ellos tenÃa en la memoria su propio manual, personal e intransferible.
Buscaban cualquier cosa: monedas, joyas, frascos, pedazos de metal. El gran tesoro, el hallazgo que justificaba su vida contra la oscuridad, el agua, las ratas y los excrementos, era el “tosheroon”: un montó de monedas de cobre y plata, unidas en una especie de bola tras siglos de humedad y podredumbre.
Los toshers desaparecieron a mediados del siglo XIX, cuando las desembocadoras fluviales de las cloacas fueron cerradas con rejas y el gobierno ordenó la elaboración de planos de aquel mundo hasta entonces ignorado.
Libro:
Historias de Londres, Enric González
Enlace:
Wikipedia: Tosher
04/23/08 a las 8:19 am |
Qué increÃble y fantástico post, Arc!
InteresantÃsimo.
Cuando era niña, una de las historias que más me fascinaba escuchar (una y otra vez) era la de mi tÃo Luis, ingeniero de ¿canales y puertos? (seguirá existiendo esa ingenierÃa?) y sus inspecciones a los sumideros y cloacas de Madrid… donde decÃa encontrar ratas gordas como cockers…
Fascina todo lo que sean laberintos, túneles y grutas cavernosas… el misterio, en suma, que aliñado con la oscuridad y el peligro son promesa de aventura, de subidón de adrenalina y de estado de alerta.
En una vieja casa que tenÃan mis abuelos en el campo, y que habÃa sido un antiguo convento, existÃan desde tiempo inmemorial -pues el convento habÃa sido construido sobre las ruÃnas de una edificación medieval- una intrincada red de túneles, semi-inundados y condenados por rejas y ladrillos, a los que no nos dejaban acceder jamás….. menos una vez. Vez que escapamos del ferreo control de Fraülein y nos internamos (tras haber leÃdo Tom Sawyer y Tom Playfair, …ejemm). -Encontramos una entrada desde el palomar, a cientos de metros de la casa. Y, pasando un miedo (que te cagasssssssss! -con perdón, que aún me acuerdo), llegamos a unas galerÃas que debÃan ser antiquÃsimas, de piedra, con inscripciones en las paredes de unos signos que debÃan ser de algún idioma muy antiguo…. y que nadie verá más… porque mis abuelos, ante el peligro de que les expropiaran… condenaron con toneladas de tierra y el silencio.
Lastimoso.
Y desaparecido, como la profesión de los Tosher y todos sus tesoros…
Hale (que acabo de soltar un rollo larguÃsimo…. pero como siempre te leo y pocas veces -además de “afanarte” información…. ¡ay! …. te comento, puessssssss…. aquà lo dejo. Con todo mi inquebrantable cariño virtual, of course)
it ;-))
04/23/08 a las 10:54 am |
Pues yo nunca he entendido esa fascinación por el subsuelo. A ver, me refiero al subsuelo creado por el hombre, que lo de la espeleologÃa siempre me gustó, pero eso de pasear por las cloacas molestando a las ratas y tal… uf, no.
04/23/08 a las 11:50 am |
Magnifico post,
a mi la verdad que siempre me ha atraÃdo el sub-suelo, más el creado por el hombre que el natural.
Felicidades,
04/23/08 a las 5:27 pm |
Sip. A mà también, bovolo (se poña como se poña doña Gin).
Hay misterio y enigma en el porqué de esas construcciones… ;-))
04/23/08 a las 10:29 pm |
@ It
Su familia es digna de un libraco gordo como esos que escribÃan en el XIX. Con niños curiosos, sobreentendidos e “incómodos silencios” y tÃas solteronas de sonrisa triste. Pero, cuando la tengo catalogada con ropa de arcón de madera, daguerrotipo y tarde en la cocina de leña preparando magdalenas caseras, me sale con la otra que es y se me estropea la historia. ¡Será usted espliego-madreselva!
Ahora que menciona los subterráneos conventuales por estas tierras es bastante popular la creencia de que existen túneles secretos que unen los retiros de las monjas y los frailes. Una pena que no pueda proporcionarnos respuesta a ese enigma, los cinco no me hubieran fallado ;-)
@ Gin,
3 a 1, sin problema en el subsuelo humano pero mencionar sólo la palabra espeleologÃa hace que me estremezca. La idea de ver a una persona arrastrarse a través de una estrecha hendidura en la roca ya me pone nervioso, prefiero enfrentarme a los cocodrilos albinos que custodian la legendaria “hierba blanca neoyorquina”. Si por mi fuera el arte paleolÃtico consistirÃa en muchas esculturas de orondas venus y animalitos pintados a la entrada de la cueva.
@ bovolo
El mérito, como siempre, del autor del libro, en este caso el siempre entretenido Enric González. Al igual que a los toshers a ciertos raqueros, personas que recogen en la costa lo que trae el mar, se les suponen un complejo conocimiento del medio y cierto halo de misterio. Mi interés en las historias de raqueros fue lo que me llevó a los toshers.
Saludos
04/23/08 a las 11:00 pm |
jajajajaaaaaaaaaa….. ssssssshhhhhh!! (hay “las otras”, pero no son dadas a todo el mundo. ¿Quién puede presumir de nos ser muchos en uno??)
;-))