Después de esta conmoción, he padecido muchas y diversas enfermedades; pero, ¿cómo puedo vivir sin penas, si no he de volverte a ver? Sé soportarlas sin queja, pues provienen de ti. ¡Pobre de mi! ¿Es esa la recompensa que me das por haberte amado con tanta ternura? No importa. Estoy resuelta a adorarte toda mi vida y a no querer a nadie mas.
(Primera Carta)
Guerra de la Restauración portuguesa (1640-1668), conflicto entre España y Portugal ayudados a matarse por mercenarios de todas partes de Europa. Alemanes e italianos pelearon al servicio de España mientras que Portugal tenÃa ejércitos como el del Mariscal Schomberg compuesto por más de un 20% de extranjeros, él mismo era franco-alemán. Al servicio de Schomberg un noble francés, Noël Bouton, más tarde Marqués de Chamilly y Mariscal de Francia. Y aquà termina la historia militar y comienza la literaria.
Hay momentos en que pienso que me resignarÃa a servir con sumisión a aquella a quien amas. Tus malos tratos y tus desprecios me tienen tan abatida, que a veces ni me atrevo a pensar que podrÃa celarte por temor a disgustarte y llego a creer que censurarte es la mayor impertinencia.
(Segunda Carta)
Cuando el Marqués de Chamilly regresa a Francia olvida que los caballeros no tienen memoria y explica a sus amigotes como engatuso a una joven monja portuguesa. La chica, hija de un terrateniente del Alentejo, habia sido recluida en un convento pero las condiciones de visita no eran muy restrictivas y el militar francés pudo conocerla gracias a la mediación del hermano de la joven, que servÃa en el ejército con él. Además de su relato el Marqués de Chamilly contaba con la prueba de cinco cartas escritas por la monja, las cuatro primeras llenas de amor e ilusiones; la última plena de desengaño y anunciando la ruptura. El éxito de las cartas fue tal que se llevaron a la imprenta con el nombre de Cartas de amor de la monja portuguesa. La popularidad de las cartas generó continuaciones, imitadores y la inclusión en el vocabulario de la palabra “portuguesa” como sinónimos de carta de amor apasionada. Pero ¿eran auténticas las cartas?.
Un final trágico te obligarÃa, sin duda, a pensar a menudo en mi. ApreciarÃas mi recuerdo y esta muerte extraordinaria te causarÃa una profunda conmoción. Y, ¿no es la muerte, por ventura, preferible al estado en que me has dejado? ¡Adiós! Cómo desearÃa no haberte visto jamás. ¡Pobre de mi! Siento vivamente la falsedad de este sentimiento y sé, aunque es difÃcil de expresar, cuánto más prefiero ser infeliz amándote, que no haberte visto jamás.
(Tercera Carta)
No existe un original en portugués que analizar, las primeras noticias que tenemos de ellas nos las da su primer propietario el conde de Guilleragues, director de La Gazette de France, quien afirmaba que los originales se habÃan perdido tras su traducción al francés. Aunque inicialmente los nombres del destinatario y la autora de las cartas se ocultaron muy pronto la identidad del hombre fue un secreto a voces. Se tardó mucho más en descubrir quien habÃa sido las habÃa escrito aunque finalmente se adjudicaron a Mariana Alcofarado (biografÃa, más breve, en español) cuya vida coincide en tiempo, lugar y condición religiosa con lo que se conocÃa de la autora. Sin embargo otros investigadores afirman que las cartas son una falsificación realizada por Guilleragues.
No envidio tu indiferencia, ¡me das lástima! Te desafio a que me olvides por completo. Me ufano de saber que sin mi no tienes sino placeres imperfectos y que soy más feliz que tú porque me ocupo más de este amor.
(Cuarta Carta)
Mi primera noticia sobre Mariana Alcofarado procede de la Tercera Serie de Historias de la Historia de Carlos Fisas. En los apuntes que Fisas dedica al origen de las cartas no existe ninguna mención sobre su posible falsedad. La posibilidad de falsificación apareció en la información de la Wikipedia, el contenido de las cartas, e incluso una traducción de éstas al gallego, lo encontré en un post en In the Flesh.
El señor lo hizo mejor que yo: pretendÃa que yo lo amase y como se habÃa trazado ese plan, estaba resuelto a emplear todos los medios para conseguirlo. Inclusive amarme de veras, si hubiese sido necesario. Pero pronto se dio cuenta de que podÃa salir bien de su empresa sin pasión y que la pasión no era necesaria. ¡Qué perfidia! ¿Creyo que podÃa engañarme impunemente? Le digo que si por algún acontecimiento fortuito volviera a este paÃs, yo misma le entregarÃa a la venganza de mi familia.
(Quinta, y última, Carta)
Sor Mariana Alcofarado vivió hasta los ochenta y tres años.
Libro:
Historias de la Historia (3ª Serie), Carlos Fisas
El habito de la pasión. Cartas de amor de Sor Mariana, Ignacio Vélez Pareja (pdf)
Enlace:
Independencia de Portugal (Wikipedia): Breve explicación de los motivos que llevaron a Portugal y a España a la guerra
03/28/08 a las 8:35 pm |
Uno de monjas amorosas a la española:
Doña Agueda de Luna decÃan a la prenda, sandunguera mujer que a fuer de imposturas en las que no faltaban vahÃdos, cuchufletas y berreos mÃsticos, cobró fama de santa en una casa de obediencia de Lerma, promocionando luego con singulares calificaciones al cargo de abadesa en otra de Corella, donde sacado a la luz todo su caudal de supercherÃas milagrosas dejó en babas al paisanaje. Tal prenda estuvo casi treinta años atizando la pasión y calentando la cama de un bragado fraile de Liérganes dicho «el extático», aunque fuera sacado de pila como Juan de la Vega. Y fue que “el extático” que era “dinámico” y nuestra verrionda señora tuvieron cinco hijos como cinco soles.
Lejos de acabar sus dÃas con la apacibilidad de la resignación de Sor Marcela, nuestra heroÃna entrego su alma a Dios (a quien sino) en los calabozos del Santo Oficio, durante el transcurso de un interrogatorio en el que canto por bulerias cuanto los inquisidores le dictaron. Y no fue el trance a causa de su querencia por el fornicio, eso los inquisidores lo entendÃan y disculpaban, sino por desviaciones doctrinales que encajaban en el “molinismo”.
Dios guarde a estos grandes folladores “ordenados”. ColorÃn colorado….
03/28/08 a las 9:57 pm |
Leà las cartas hace años y me pusieron de muy mal humor. Es como cuando escucho “Madama Butterfly”, que me enciendo de coraje (cómo se puede ser tan tonta) aunque reconozco que, por aquello de la música, termino siempre llorando (la música es lo único que me hace llorar).