Una historia de amor y teología
Una historia de herejía y amor que fue bosquejada hace algún tiempo por aquí basándome en la “Historia de la estupidez” de Voltes. Ahora con la obra de Rath-Vegh en la que se documentó Voltes para narrar el caso puedo extenderme un poco más en los detalles.
Todo comienza cuando un estudiante de teología luterano se enamoró de la criada de su padre, que para su desgracia creía en alguna menudencia o rito distinto adscritos a la fe calvinista. Además de una seguidora de Calvino bonita la congregación luterana tuvo que soportar los papelitos infamantes que comenzaron a aparecer en su recinto sagrado insultando a su fe. No tardaron mucho en descubrir que aquellas burlas tenían el tufillo teológico de los calvinistas y aunque estamos en el siglo XVIII y no era plan ir a hacer barbacoa de hereje a más de uno se le pasó por la cabeza. ¡Y menos mal! pues una investigación eficiente o la torpeza de nuestro teólogo enamorado acabó con el sorprendente descubrimiento de que no eran los malvados calvinistas quienes se burlaban de la fe luterana sino que era un estudioso de ésta quien se reía de ella.
Llevado ante el consejo eclesiástico el teólogo trato de explicar su situación y por qué había infamado a su propia religión. El joven explicó que le gustaba la criada calvinista que trabajaba en casa de su padre, la boda era imposible por ser ambos de creencias distintas pero si ella se convertia… Ideo un plan digno de un estratega de la teología. Al parecer ambas comunidades estaban en guerra fria, sin altercados ni enfrentamientos importantes. Si conseguía encender un poco los ánimos y hacer que los luteranos se sintieran ofendidos por los insultos calvinistas y contraatacaran con sus elaborados discursos teológicos y las aplastantes pruebas de que fe como la de Lutero ninguna, los seguidores de Calvino más inteligentes, y la niña de sus ojos lo era, mudarían de creencias y se incorporarían al redil. Misma fe, boda posible. Voila!
Las autoridades eclesiásticas debieron de dudar si trataban con un loco o un tonto y si era así de nacimiento o se debía a efectos del amor, para resolver sus dudas solicitaron el dictamen de la Facultad de Medicina de Helmstadt cuyo comité de sabios les respondió lo siguiente:
Responsum Facultatis Medicinae. Habiendo sido comunicados los actos referentes al candidato de Teología C. H., preguntándosenos nuestra opinión acerca de si se desprende de los mismos que dicho candidato había o no pervertido el “judicium rationis per ninium amoren” (o sea, si ha perdido el sano juicio por su amor). Nosotros, Decano, Senior y Profesores de la Facultad de Medicina local, una vez estudiado cuidadosamente el asunto, ponderándolo luego, resumimos nuestro criterio opinando que las circunstancias observadas en las actas permiten llegar efectivamente a la conclusión de que en la cabeza del individuo mencionado existe cierto desarreglo, puesto que sabido es cómo el “amor frustratus” puede provocar la perturbación de la mente en personas propensas a la melancolía, de modo que el delito de C. H. fué cometido en estado de irresponsabilidad.
El dictamen de la Facultad de Medicina se envió a la Facultad de Derecho de la Universidad de Wittemberg que solicitó nuevos informes a otros peritos médicos. Volvieron a examinar al joven y en sus conclusiones explican que el propio interesado manifestó que no padecía la menor perturbación mental y citó como prueba de su cordura el hecho de no estar ya enamorado de la criada calvinista.
Libro:
Historia de la estupidez humana, István Rath-Vegh
Tenia intención de ilustrar el post con imágenes pero Mattel no me deja usar la imagen de su Barbie homenaje a la mujer trabajadora, la The French Maid Barbie® Doll, y la publicidad de la Works Progress Administration no indica si sus serviciales empleadas del servicio doméstico están dispuestas a cambiar de religión a gusto de sus patronos.
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