La delincuente femenina: TÃtulo de una influyente obra publicada en 1895 por el criminólogo Cesare Lombroso [...] Lombroso sospechaba que las mujeres destinadas a cometer crÃmenes desarrollaban una fuerza inusual, en tanto que las prostitutas se dedicaban a este comercio debido a su particular belleza.
Tales planteamientos resultan difÃciles de reconciliar con la observación directa, y Lombroso, tras años de estudiar fotos de delincuentes femeninas, de medir sus cráneos y cuantificar sus bÃceps y tatuajes, se encontró prácticamente donde habÃa empezado. Los signos inequÃvocos de degeneración, como deformaciones craneales o hirsutismo simiesco, se manifestaban en muy contadas ocasiones.
Con el tiempo, LOmbroso cayó en la cuenta de que las delincuentes femeninas mostraban menor cantidad de signos de degeneración por la simple razón de que eran menos evolucionadas que los hombres. Con lo cual, las mujeres primitivas resaltaban menos entre los restantes miembros de su sexo. Dedujo que, puesto que las mujeres son, por naturaleza, más sumisas ante la ley que los hombres, la infrecuente criminal femenina ha de ser genéticamente masculina. Por ende, las mujeres condenadas sufrÃan un doble ostracismo: el legal y el social. Lombroso dice: “En consecuencia, esta doble excepción hace de la mujer criminal un verdadero monstruo”.
La idea se coló en el gran torrente de la sabidurÃa heredada. Edgar Hoover, director del FBI, proclamó: “La mujer que se convierte en criminal profesional es cien veces más peligrosa que un hombre [...] actúa con una frialdad y brutalidad infrecuentes en los hombres”. Pero Hoover irÃa aún más allá ante la audiencia de una mesa redonda en la ciudad de Nueva York al garantizar que toda criminal femenina “tiene cabellos rojos… O se pone una peluca o se los tiñe de rojo”.
Libro:
Diccionario del crimen, Oliver Cyriax
02/7/08 a las 11:19 am |
¡Ah! pues si hay que ser pelirroja me libro. Lo de cuantificar y medir los bÃceps y tatuajes no sé si es buena medida, a ver cómo va a ser lo mismo el espacio corporal que tiene un mahorà de Nueva Zelanda que el que tengo yo, que sobrepaso el metro y medio con dificultad. Ya me gustarÃa a mà ponerme los tatuajes que lleva Viggo Mortensen en “Promesas del este”, pero se verÃan diminutos, algunos casi como lunares. Y para lunares los mÃos.
02/7/08 a las 10:53 pm |
Estimada Ginebra,
Con mujeres como usted se construye este gran paÃs. No baje la guardia, que nada rojo toque su cabeza y recuerde que el enemigo está ahà afuera, siempre acechando. Delate a sus vecinos en la oficina más cercana del FBI si sospecha que contribuyen al deterioro moral del paÃs.
Dios bendiga a América.
Fdo: Edgar Hoover
03/9/08 a las 6:58 pm |
Grandioso este post… Me he permitido tomarlo citánolo oportunamente en un post que acabo de publicar sobre criminologÃa, la escuela positivista clásica italiana (Lombroso & Garófalo)…
Espero que no te moleste , dado que la fuente es pública , me he tomado la prerrogativa… Se agradece, desde ya…
Saludos, Aquileana :)
El Link respectivo es ->
http://aquileana.wordpress.com/2008/03/09/derecho-penal-criminologia-escuela-positivista-italiana-lombroso-y-garofalo/
;)
03/10/08 a las 3:38 pm |
El mérito del post es todo de Cyriax pero gracias por la cita. Me queda pendiente la lectura de tu post.
Un saludo,
Arc
08/19/08 a las 1:10 pm |
Estoy de acuerdo con ARC “Con mujeres como usted se construye este gran paÃs.”