Todo el mundo podía percibir el problema que estaba generando el tráfico, no sólo a la hora de la circulación sino también a la hora de conseguir aparcamiento. En las calles comerciales las plazas de aparcamiento eran ocupados por autos que permanecían allí todo el día e impedían que se estacionaran los autos de los compradores. El método para multar a los coches que permanecían demasiado tiempo estacionados era el siguiente: un policia marcaba las llantas de los autos con una tiza y horas después volvía a pasar y comprobaba cuales seguían allí. Sin embargo el método no satisfacía a nadie, se necesitan muchos policias para el buen funcionamiento del sistema y podía ser burlado por los conductores borrando la marca o éstos podían ser víctimas de gamberros que se divertían marcando las ruedas justo antes de la ronda del agente de la ley.
La solución del problema vendría de la ciudad de Oklahoma donde Carl Magee un recien nombrado miembro del “Cómite de Tráfico de la Cámara de Comercio” fundó la empresa que desarrolló el primer parquímetro (diciembre de 1932, pat. US 2039544), la “Dual Parking Meter Company” (Dual porque tenía la doble función de recaudar ingresos para la ciudad y controlar la congestión). La patente clásica fue mejorada con la US 2118318 donde Magee exponía que: “Es deseable que se cobre un precio incidental sobre una base horaria”, la sencillez del mecanismo y la poca energía que hacía falta para su funcionamiento lo convirtió en un sistema ampliamente aceptado.
La ciudad de Oklahoma hizo un pedido de 150 unidades y el primer parquímetro se instaló el 16 de julio de 1935. Un mes después era multado el primer conductor, un tal reverendo North, por estacionar más tiempo del permitido. Los principales problemas con los que se encontró la “Dual Parking Meter Company” fueron dos: el intento de forzar los parquímetros para obtener las monedas y los sabotajes del aparato en una época en que un parquímetro bloqueado significaba estacionamiento gratis. Y eso nos lleva al segundo invento.
En 1949 Ermal Fraze montó su propia empresa de fabricación de herramientas la “Dayton Reliable Tool & Manufacturing Company” (DRT). En un picnic en el año 1959 se encontró con problemas para abrir una lata de refrescos ya que se habían olvidado el abrelatas, no la clásica herramienta que corta por el borde del recipiente sino un abrelatas específico que agujeraba la lata de refrescos para ser bebida cómodamente. Las dificultades para beber, la historia dice que uso el parachoques de un automóvil para abrir la lata consiguiendo mucha espuma y un buen cabreo, le hicieron pensar en un sistema mejor, un método de apertura integrado en la lata misma que mantuviera el contenido intacto e higiénico.
Dicen que la anilla de lata se le ocurrió una noche que había bebido demasiado café y no podía dormir. Con la colaboración de Alcoa, un fabricante de este tipo de latas, y facilitada su tarea por el cambio del material del recipiente que pasó de estaño a aluminio presentó la primera patente de la “lata de bebida con anilla incorporada o de apertura extraible” el 6 de julio de 1965 (US 3349949). La idea era sencilla: una anilla que funciona como palanca remachada a una tira perforada previamente. Entre las recomendaciones de la patente estaba sujetar la anilla firmemente y una anilla diseñada para proporcionar un agarre seguro para los niños pequeños.
El primer uso comercial lo hizo la Iron City Brewery de Pensilvania y poco a poco su uso se fue extendiendo. El sistema de apertura clásico “empuja hacia dentro/dobla hacia atrás” se introdujo en 1977 y la anilla no extraible fue una propuesta de la “Continental Can Company” a finales de la década de los 70. Esta mejora significo menos basura, menos peligro de daño a los pies descalzos y menos problemas para los parquímetros, las anillas de las latas era uno de los mejores sistemas para bloquear los parquímetros.
Libro:
Inventos de un siglo que cambiaron el mundo, Stephen Van Dulken