Adulterio (prueba de): Vulcano supo que Venus le ponía los cuernos con Adonis porque, cada vez que él elogiaba la incomparable belleza del mancebo, ella, de golpe furiosa, chillaba: “Francamente, no sé qué le ves de lindo a ese chiquilín estúpido y arrogante. Yo no lo soporto”.
Referencia: El jardin de las delicias (Mitos eróticos), Marco Denevi
Café: Los oponentes religiosos al café sostenían que era maligno: argüían que puesto que los musulmanes eran incapaces de beber vino, la bebida sagrada de los cristianos, el demonio los había castigado con el café.
Referencia: La historia del mundo en seis tragos – Tom Standage
Noticia: Se cuenta que con ocasión de una visita oficial que iba a realizar el arzobispo de Canterbury a Nueva York, le avisaron que tuviera cuidado con los periodistas estadounidenses. El arzobispo mostró despreocupación, pero, nada más bajar del barco, le rodearon y uno de ellos le preguntó.
- ¿Qué piensa Vuestra Eminencia de los prostíbulos de los barrios del este de Manhattan?
El prelado se quedó perplejo y sólo acertó a responder con otra pregunta.
- ¿Hay prostíbulos en los barrios del este de Manhattan?
Al día siguiente, algún periódico de Nueva York tituló: “Primera pregunta del arzobispo de Canterbury al llegar a Nueva York: “¿Hay prostíbulos en los barrios del este de Manhattan?”".
Referencia: Anecdotario Universal de cabecera, Gregorio Doval
Patriotismo (Ausencia de): En uno de sus primeros relatos, Chester Himes escribió sobre un negro a quien, por no bajar de la acera para ceder el paso a una pareja blanca, le rociaron los pies con gasolina y les prendieron fuego. Y los perdió. Al final de la narración, otro blanco se enfurece cuando, en un cine, el negro no se levanta para escuchar el himno nacional, aunque le hagan notar que no tiene pies.
Referencia: Vidas difíciles (Thompson, Goodis, Himes) – James Sallis
Zagradotriadi: (ruso) Los casos de “samostrel” -el término que designaba las heridas infligidas por uno mismo- aumentaron de manera alarmante en el nuevo año. No había muchas más opciones para los hombres desesperados. Otro nuevo término del léxico sovietico, “zagradotriadi”, designaba a los soldados cuya misión consistía en situarse tras las líneas y abatir a cualquier hombre que tratara de huir; a diferencia de las tropas regulares, estos disponían de ametralladoras para realizar su tarea.
Referencia: La guerra de los ivanes, Catherine Merridale