Leyes Jim Crow

By fraxi

El libro “Jim Crow Guide to the USA”, de Stetson Kennedy, nos muestra las leyes oficiosas de comportamiento que servían para mantener a los no blancos en su sitio y que siguieron aplicándose hasta finales de la década de 1950:

El protocolo interracial prescribe que los no blancos sean presentados a los blancos, pero nunca al revés [...] Bajo ningún concepto permite el protocolo interracial darle la mano a una persona de otra raza en un territorio donde existe la segregación [...] Si es usted blanco, no diga nunca “don”, “doña”, “señor” o “señora” a los no blancos diríjase a ellos por su nombre de pila. Si es usted no blanco, diga siempre “don”, “doña”, “señor” o “señora” cuando se dirija a los blancos, y no los llame por su nombre de pila [...]

Independientemente de su edad, clase social, porte o educación, es normal que lo llamen con frecuencia “muchacho” o “muchacha”. Sin embargo, si tiene el pelo realmente gris, es más probable que lo llamen “tío” o “tía” [...]

Cuando se encuentra uno en un territorio donde existe la segregación, resulta realmente peligroso entrar en la casa de un blanco si se es de otro color. Por el contrario, se comprobará que el color de la piel equivale a una orden de registro en cualquier lugar del Sur, lo cual le permite a una traspasar el umbral de la casa de cualquier no blanco [...] Se considera impropio de un negro sentarse en el salón de una familia blanca [...] Si se es blanco, el protocolo dice que puede uno sentarse donde le plazca en la casa de un negro, si esperar a que lo inviten [...]

Si se es negro, está uno obligado a quitarse el sombrero cuando habla con personas de raza blanca [...] es más, hasta pueden arrestarlo a uno por no quitárselo.

Tanto se se iba caminando por la acera como conduciendo un coche, los negros estaban obligados sin excepción a ceder el paso a los blancos. Cuando subían al autobús o al tranvía, tenían que esperar a que entrasen antes todos los blancos. En los autobuses había asientos en los que ponía “sólo blancos”. A los negros se les impedía a veces entrar en las tiendas o se les hacía esperar hasta que hubieran despachado a todos los blancos. Muchas veces no se les permitía probarse la ropa, o si querían comprar un sombrero, debían sufrir la humillación de taparse la cabeza con un trapo.

Libro:
Impostores, Sarah Burton

Escribe un comentario