Giolo de Meangis, el principe pintado

By fraxi

Giolo era príncipe de la familia real de Meangis, una pequeña isla pesquera cerca de la costa de Nueva Guinea. Pero lo que hizo que Giolo pasara a la historia escrita fueron sus numerosos tatuajes. Una de sus esposas cubrió su cuerpo con formas y dibujos mediante el procedimiento de pinchar la piel y luego con fricciones introducir pigmentos obtenidos de resina de las plantas. En algún momento antes de 1690 fue raptado de su isla por piratas y ese año tenemos las primeras noticias de él que lo sitúan en Madrás en “propiedad” de un tal Mister Moody que negoció su venta con el explorador inglés William Dampier, quien esperaba obtener “no poco beneficio para mi príncipe pintado”. El negocio que espera Dampier es doble, por un lado cobrará por exhibirlo, en esa época los tatuajes eran algo poco corriente en Inglaterra, con la salvedad de los crucifijos en los antebrazos, y además lo usará para convencer a sus inversores de que financiaran otra empresa marítima. Giolo explicó a Dampier que en su isla abundaba el oro, a la vez que no entendía el valor que los ingleses le daban, y también le indicó que podía obtenerse especias en Meangis donde abundaban el clavo y nuez moscada. Con un guia de la realeza, conocedor del lugar, y con nativos ignorantes del valor de sus productos el negocio parecía redondo para los inversores.

Giolo llegó a Londres en septiembre de 1691, “con la salud quebrada por la aflicción y la dieta de carne en salazón y agua contaminada del barco”. Su deseo de volver a su soleada isla se desvaneció y los planes de Dampier no fructificaron, asimismo los ingresos por su exhibición no llegaban a compensar sus gastos de alimentación y alojamiento por lo que Dampier vendió a Giolo a otros propietarios que intentaron una campaña publicitaria más llamativa por medio de hojas impresas:

Esta admirable persona ronda los treinta años de edad, es agraciado y con todas las extremidades bien proporcionadas, sumamente cortés y pudoroso, pulcro y limpio, pero su lengua no se entiende, y tampoco sabe hablar inglés.
Será exhibido a la vista pública todos los días (durante su estancia en la ciudad)… en sus alojamientos en el Blew Boards-head en Fleetstreel, cerca de Water-Lane, donde permanecerá durante cierto tiempo, si su salud lo permite.
Pero si cualesquiera personas de categoría, sean damas o caballeros, desean ver a esta noble persona en su propia casa o en cualquier otro lugar apropiado, en o cerca de esta ciudad de Londres, se ruega que envíen aviso oportunamente y él estará preparado para presentarse ante ellos en coche o silla, en el momento que tengan a bien señalar, siempre que sea de día.

Sus propietarios explicaban que en su espalda, que podía contemplarse pagando, había “una gráfica representación de una cuarte parte del mundo, y los círculos árticos y tropicales tienen su centro en el Polo Norte sobre su cuello”. Grabado en su cuerpo estaba inscrito el mapa de un mundo desconocido, además sus tatuajes le hacían inmune a “las clases de criaturas más perniciosas y venenosas…; como serpientes, escorpiones, víboras y ciempiés, etc.” Una vez pasado su momento como novedad los interesados podían observarlo a seis peniques la ojeada en barracas junto a enanos, gigantes, osos bailarines, hermafroditas de Angola, un niño cubierto de escamas de pez y Jane de Northumberland, “que había dado a luz un monstruo con cabeza, crines y pezuñas de cablo y el cuerpo de niño”.

“La carrera de Giolo como fenómeno de feria no fue nada feliz y su inmunidad al veneno tampoco se demostró fiable. Enfermó de viruela, cuyos picores hicieron que intentara desgarrarse la piel tatuada. Se rascó hasta causarse la muerte en Oxford”.

Libro:
La isla de Selkirk (La historia del verdadero Robinson Crusoe), Diana Souhami

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