En el continente europeo los animales podían ser considerados, de forma habitual, criminales. Así, entre 1120 y 1541 Francia celebró 18 juicios con todas las formalidades legales. El acusado aparecía en el banquillo, el fiscal conducía la acusación, el juez dictaminaba la sentencia y el verdugo la ejecutaba.
A veces vestían a los animales como si se tratase de personas, y en 1386 un tejón fue a la horca (condenado por asesinato) luciendo ropas de hombre. En 1494, un cerdo de Saint-Martin de Laon fue acusado de infanticidio y condenado a morir estrangulado, “colgado de una horcajadura de madera”.Asimismo, en la “Petite Chronique de Bále” consta la historia de un gallo transexual que puso un huevo. El pervertido fue quemado vivo en la plaza del mercado. Era frecuente que a ovejas, burros y cerdos sodomizados se les asignara este mismo destino, y todavía el 6 de agosto de 1581 Franz Schmidt, el verdugo de Nuremberg, anotaba en su diario que “George Schörpff, un libertino culpable de bestialidad con cuatro vacas, dos terneras y una oveja, ha sido decapitado por vicio desnaturalizado y seguidamente quemado, junto con una vaca”. Tal vez sus tres cómplices no pudieran ser identificados, pues el concepto de responsabilidad individual se aplicaba rigurosamente.
La carcoma que volvió loco al obispo
El brillante y joven abogado Bartholomé Chassenée, quien fraguó su reputación en 1510 con el caso de las ratas Autun, estableció este principio. Argumentó que no podía juzgarse a sus clientes a manos que se las citara individualmente. En una transcripción de una audiencia celebrada en 1520 se deja constancia de que Chassenée intenta, con excelente humor, salvar cierta carcoma amenazada de excomunión por devorar el trono del obispo de Besançón en la Iglesia de Saint-Michel, desgracia revelada cuando el 21 de abril de ese año se hundió bajo el peso del obispo Hugo. Hugo se golpeó en la cabeza y se volvió loco.
El 12 de agosto la carcoma fue citada a declarar. En primer lugar, Chassenée propuso en su defensa que el tribunal no tenía jurisdicción (pues los acusados no eran personas sino “bestioles”); en segundo, que no podía juzgarse a la carcoma “in absentia” y, pese a que la acusación podía entablar proceso legal, no había pruebas de que sus clientes tuvieran conocimiento de las citaciones o estuvieran en situación de desplazarse hasta el tribunal; en tercer lugar, no podía demostrarse que la carcoma que en ese momento estaba en la iglesia fuese la carcoma responsable de la demolición del trono; en cuarto, que -siendo carcoma y creada también por Dios- tenía permiso para comer madera, aun cuando ésta se hallase en lugares inconvenientes; y quinto, que el recurso no era apropiado. Las “bestioles” no podían ser excomulgadas porque, al carecer de alma inmortal, nunca habían comulgado.
Libro:
Diccionario del crimen, Oliver Cyriax
11/16/07 a las 9:45 am |
Como platos se me han quedado los ojos. Palabra. ¿Esto lo hacían en serio?
11/16/07 a las 6:30 pm |
jajajajajaaa…. ¡verdaderamente, Arc, éste es un libro memorable!
Y pese a que Gin se asombre tú y yo, gallegos de pro, sabemos que, si nos ponemos en viaje hacia el interior de a nosa terra, podríamos encontrarnos zambullidos en una escena de éstas, donde un algún buen aldeano -prescindiendo del juez y de la defensa- esté ajusticiando a cualquier bestiol, vaite ti a saber baixo que cargos…..
Me llevo tu transcripción de éste libro al arcón de las cosas divertidas y procuraré hacerme con éste diccionario de Cyriax,
it
11/17/07 a las 7:29 pm |
Gin,
Hay un capítulo extenso dedicado a los juicios animales en el divertido libro de Paul Tabori “Historia de la estupidez humana”. El ISBN indica que no está editado en España pero por Internet circulan varias copias. En algunos casos era una medida para evitar las plagas o alejarlas pero también hubo juicios a animales individuales.
Conociendo a las “bestioles” de tu entorno menos mal que ahora no se les juzga, te veía prestando declaración todos los días.
It,
¡La chica que admiraba a Anthony Eden! ¡Cuánto tiempo! Hablando de bichos Jana, Ljuba y Viskovitz te envían saludos. Excelente recomendación.
Hace unos días recordé también otra recomendación tuya y tengo en la pila de pendientes “Nueva York” de Paul Morand.
A Gin el alma le oscila entre Fernandez Florez y Cunqueiro, le podemos dar pasaporte de Fisterra.
Unha aperta
11/17/07 a las 8:03 pm |
Decía Estein que sólo hay dos cosas infinitas; el universo y la estupidez humana y que de lo primero no estaba seguro. Estas cosas lo demuestran.
Hubo otro caso muy curioso en S.XVI en el que se juzgó una plaga de ratones que asolaban un poblado. El juicio se desarrolló bajo los más estrictos cánones jurídicos con acusación, defensor para los ratones y citaciones varias para que los animalicos se presentaran al juicio. Esta es la sentencia:
“… que las bestias dañinas conocidos bajo el nombre de ratones de campo, serán notificadas de abandonar los predios que ocupan en la comuna de Stilfs en el plazo de catorce días, prohibiéndoseles el retorno: pero si alguno de los animales estuviera en estado de embarazo, o impedido de viajar por su extrema juventud, se les concederá otros catorce días.”
Aunque creo que no hicieron mucho caso :-)
La historia completa:
http://www2.cyberhumanitatis.uchile.cl/15/crea1.html
Un saludo.
11/18/07 a las 8:05 pm |
Querido Arc;
Mi adoración por Sir Anthony se acrecienta con la edad. Al igual que mi respeto por Sir Alec Guinnes y mi devoción por aquella lengua bífida que fue Dorothy Parker. Y sí, no cabe duda que Gin tiene alma gallega (naciera donde naciera ¿y luego??) y que se hace un lugar propio allá donde quiera asentar sus posaderas.
Si te gustaron mis amigos Ljuba, Visko y Lopez… no deberías dejar de leer a Erik Satie en sus inolvidables “Memorias de un amnésico”, te llenarán de… regocijo, no me cabe duda.
Um bico,
it ;-))
11/19/07 a las 3:15 pm |
Inaki,
Si tienes ocasión échale un ojo al libro de Tabori, que también emplean como fuente en el artículo que envias. Es un libro realmente divertido. Pedro Voltes tiene un libro de similar contenido y deudor del de Tabori titulado también “Historia de la estupidez humana”. De Voltes también es recomendable las “Grandes mentiras de la historia” y del mismo tema el “reciente” libro de Santiago Tarín “Viaje por las mentiras de la historia universal”, que hace un repaso por las falsedades respecto a hechos y personajes que ha extendido el cine o a las que damos, erroneamente, por históricamente verídicas.
Por cierto de Jesús Hernandez, de cuyo libro has hablado en tu blog, también son recomendables “Historias Asombrosas de la Segunda Guerra Mundial”, “Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial” y “¡Es la guerra! las mejores anécdotas de la historia militar”, te aseguro que el autor no se repite para nada y siempre sorprende.
Un saludo
11/19/07 a las 3:37 pm |
It,
¿Sabías (y sí, seguro que lo sabes) que en la Italia de Mussolini los restaurantes, hoteles, etc. que se llamaban “Eden” se cambiaban el nombre por el de “Paradiso” o similares para no mencionar al archienemigo?.
De Sir Alec lei sus “Memorias” de las que guardo un buen recuerdo, me sorprendieron algunas cosas, como por ejemplo la fascinación en él ejercía el tarot del que habla en varias ocasiones.
De las pocas frases atribuidas a Dorothy Parker en las que no dijo la verdad fue la de los cuatro martinis, creo que hacían falta bastantes más.
Besos
11/20/07 a las 3:42 am |
Gracias por las recomendaciones, Arc.
Un saludo.