Sobre el origen del cólera: Pettenkofer vs Koch

By fraxi

En plena batalla sobre el origen del cólera en el último cuarto del siglo XIX sobresalió la figura del químico Max Joseph von Pettenkofer, científico alemán de reconocido prestigio que batalló contra las abundantes teorías sobre las razones de la enfermedad. Para él ni la teoría del miasma de agua de Bayer, ni la teoría del polvo orgánico de Von Gietl, ni la teoría del veneno excrementicio de Dr. Snow ni mucho menos las teorías del monzón, de la transpiración suprimida o la del ozono tenían la fortaleza y servían de clara explicación si se comparaban con su Ley del Agua del Suelo.

Pettenkofer explicaba que el origen del cólera estaba en el tipo de subsuelo. Si existían poros abundantes entre los granos del terreno el agua se filtraría por ellos y los llenaría, luego, al ser desalojada el agua dejaría en estos poros un gas venenoso. Asi los suelos contaminados emitirían “veneno miasmático” que podía ser confirmado por “la desaparición del ozono del aire durante las epidemias de cólera” y por el ácido carbónico que despedía el suelo en agosto y septiembre “cuando el cólera era más frecuente”. ¿Donde se daría el cólera con más frecuencia? En las riberas de los ríos, allí las fluctuaciones del agua en terreno poroso provocarían gases nocivos que envenenarían sus márgenes. ¿Contagio?. No había, las epidemias se producían porque se inhalaba el mismo gas venenoso. El cólera por lo tanto no era contagioso, no había necesidad de cuarentenas, ni de limpieza para evitar la propagación de esta epidemia.

Algunos científicos no acababan de comprender la Ley del Agua del Suelo como explicación al cólera ya que éste surgía en lugares donde la Ley de Pettenkofer decía que no debía existir el cólera. ¿Qué pasaba en el suelo rocoso y de poca agua de las zonas montañosas? “Si la gente de las montañas se quedase allí en lugar de bajar al llano no volverían a casa envenenados por el cólera” advertía el químico. ¿Y en los barcos, donde no había suelo poroso? Cólera en los barcos, absurdo, no podía haber cólera en los barcos, posiblemente se tratara de otra enfermedad confundida con el cólera, explicaba Pettenkofer.

En busca de una solución al problema se acudió a él, qué se podía hacer y cómo evitar el cólera que se escondía en ciertos tipos de suelo. La respuesta de Pettenkofer no debió de dejar satisfecho a nadie: “¿Qué se hace cuando se vive al lado de un volván en actividad? ¿O detrás de diques, a cien metros bajo el nivel del mar? ¡Te conviertes en un fatalista o te vas a otra parte!”.

Aunque no se acaba de comprender bien en que consistía la Ley de Agua del Suelo los numerosos aciertos anteriores como químico de Pettenkofer, había desarrollado un método para la detección de arsénico así como investigaciones sobre el mecanismo de respiración que siguen presentándose como estudios clásicos de esta materia, hicieron que la enrevesada teoría se presentase como una de las mejores explicaciones sobre el origen del cólera. Aunque “nadie la comprendía, todos la adoraban”. En 1883, Pettenkofer recibió un título nobiliario por su contribución al conocimiento del cólera, el mismo año que se produjo una epidemia de esa enfermedad en Egipto y allí estaba Robert Koch recogiendo los gérmenes que según Pettenkofer no existían.

Las afirmaciones de Koch sobre la existencia de gérmenes que causaban el cólera irritó profundamente a Pettenhofer, convencido de su teoría le pidió a su rival unas probetas bien cargadas de bacilos y cuando las tuvo en su poder en vez de colocar aquel líquido pardusco y maloliente bajo el microscopio se lo sirvió en forma de chupito quizá después de entrechocarlo a la manera de brindis con alguno de sus ayudantes que le acompañaron en la demostración. Lo que ocurrió después no está claro y varía según la fuente, hay quien dice que los científicos contrajeron cólera o una forma leve de él para otros milagrosamente no ocurrió nada. Sin embargo al menos uno de sus más estrechos colaboradores, Emmerich, abandonó a su mentor y se unió a la teoría de los gérmenes de Koch.

Sin embargo Pettenkofer no podía ignorar los gérmenes como había hecho con las epidemias de cólera en los barcos. Pero si tal vez modificaba un poco su Ley del Agua del Suelo… Nacia así la Ley del Agua del Suelo (Revisada):

Los gérmenes del cólera, al igual que los de la fiebre tifoidea, pierden su virulencia una vez han infectado al hombre; se vuelven inofensivos. Los gérmenes deben penetrar en los poros del subsuelo junto al agua a fin de madurar y recuperar su miasma de cólera, que han perdido al traspasarlo a la víctima que acaban de habitar. El suelo y el agua siguen siendo el factor principal; los gérmenes son secundarios, simplemente ayudan a transportar el veneno del suelo al cuerpo humano.

Por aclamación el profesor Pettenkofer fue elegido presidente de la Academia Bávara de las Ciencias.

Si antes habia sido Egipto quien destruía la primera Ley del Agua del Suelo le correspondía de nuevo a Koch y a dos ciudades alemanas destruir la teoría revisada. Hamburgo y Altona, misma orilla del rio Elba, mismo subsuelo, utilizan la misma agua del rio pero en Altona el agua era filtrada y en Hamburgo se utilizaba directamente del rio. En Hamburgo habían muerto miles de personas de cólera, en Altona sólo unas cuantas, aquellas que había visitado Hamburgo. Cuando Koch presentó su estudio de la evolución de la enfermedad en estas dos ciudades durante el año 1892 todo el edificio teórico de Pettenkofer se derrumbó en el suelo. En 1901, cuatro años antes de que Robert Koch recibiese el Premio Nobel de medicina, Pettenkofer, anciano y solo, puso fin a su vida.

Libro:
Hombres contra gérmenes: A. L. Baron

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