En 1881, el profesor Wilhelm Kühne, de la Universidad de Heidelberg, examinó los ojos de una rana muerta y distinguió en la retina una impresión casi imperceptible del mechero Bunsen del laboratorio. Antes de morir, la rana habÃa mirado fijamente la llama y el profesor pudo observar la imagen de lo último que vio.
El profesor Kuhne comprendió de inmediato las enormes consecuencias que esto podÃa tener en las investigaciones criminológicas si en los seres humanos sucediera lo mismo; era posible que los ojos del difunto “fotografiaran” a su asaltante. Kuhne no pudo llevar a cabo sus experimentos con personas, pero repitió sistematicamente el trabajo con ranas, comprobando que imágenes de objetos brillantes y de alto contraste permanecÃan impresas en la retina durante media hora después de la muerte; lo mismo ocurrÃa con los conejos. Por esa razón, en 1888 la policÃa británica tomó una optografÃa de la última vÃctima de Jack el Destripador, por si acaso [Tom Cullen en "Otoño de Terror" indica que el método se aplicó pero fue en Annie Chapman, la segunda vÃctima canónica del Destripador. Hay dudas sobre cuantos fueron los crÃmenes del Destripador pero para la mayoria de los historiadores hay cinco vÃctimas que casi con toda seguridad fueron asesinadas por él, a éstas se les conoce como vÃctimas canónicas].
Pero fue en vano. Sin embargo, la leyenda de las imágenes optográficas pasaron al folclore criminal. Inspiró el tiroteo espeluznante del policÃa George William Gutteridge el 27 de septiembre de 1927 [los asesinos del policÃa creyeron los relatos populares que afirmaban que el muerto grababa en la retina la imagen de su asesino y trataron de eliminar las "pruebas" disparándole a los ojos], y en 1947 un fotografo investigador de California le rogó al juez de primera instancia que le autorizase examinar los globos oculares de la Dalia Negra para obtener un retrato de su asesino.
Las investigaciones llevadas a cabo en la década de 1980 por los profesores Sandheim y Alexandridis, de Heidelberg, indican que las personas “fotografÃan” los último que ven. Pero a la media hora las imágenes, de muy baja calidad en el mejor de los casos, se empañan. La detección acertada requiere la aplicación inmediata de técnicas especializadas y un asaltante que ataque de frente y permanezca inmóvil expuesto a la luz del sol por un espacio de tiempo largo.
Libro:
Diccionario del crimen: Oliver Cyriax
La historia de los intentos de aplicación forense de la optografÃa es demasiado confusa y difÃcil de seguir, se duda hasta de su descubridor, en el artÃculo se menciona a Kühne aunque para otros autores éste nunca pensó en la aplicación de sus investigaciones y fueron investigadores posteriores quienes sugirieron ese método para resolver los crÃmenes. Para liar más la cosa José Luis Sanz en “MitologÃa de los dinosaurios” asigna el descubrimiento a un médico francés, doctor Bourion, y retrasa las investigaciones hasta 1865.
Las últimas referencias que he encontrado en Internet sobre la aplicación forense de la optografÃa son los trabajos del mencionado Prof. Dr. Med. Evangelos Alexandridis
Dr Alexandridis worked at the Department of Clinical and Experimental Ophthalmology at the University of Heidelberg Eye Clinic, Heidelberg, Germany and is now retired.
In 1975 he was approached by the German police to re-examine the possibility of extracting an optogram to aid forensic investigations.
Enlaces:
On the other hand, neither Boll nor Kuhne never wrote about forensic applications of ‘optography’ or were they really ahead of an eventual connection with police matters; these scientists seem much more interested in the research of photochemistry phenomena of the interior of the retina, now that they have discovered it with the ophthalmoscope; a new research field, that of the Physiology of vision, had been opened.
10/22/07 a las 8:44 am |
Um, qué pena, me gustaba mucho esa teorÃa.
10/13/08 a las 6:29 am |
montevideo. 12 octubre 2008.
Desde aquà dedico unas breves lÃneas a ese genial autor y ripperologo que fue Tom Culen. Su libro “Otoño del terror”, uno d elos pocos traducidos del inglés al español fue el primero que tuve el gusto de leer sobre este apasionante tema de Jack el Destripador.
Y años después me animé a llevar al papel mis estudios sobre el caso que inicialmente se inspiraron en esta excelente obra de ese gran escritor norteamericano.
Finalmente desde marzo 2008 pude publicar en Uruguay y Argentina un libro al respecto el cual también se encuentra en la sección de libros de Google, y cuyo tÃtulo es “El monstruo de londres. La leyenda de Jack el Destripador”.
Sin otro particular, les saludo atentamente.
Dr GABRIEL POMBO.