Si bien la frontera entre la comunidad blanca y negra era más obvia en el sur, Nueva York tenía su propia versión de la era Jim Crow [Jim Crow laws], tenía un conjunto de expectativas más sutil en cuanto al comportamiento de cada raza, impuesto tanto por la geografía urbana de la segregación de barrio como por la presión psicológica y social. Esta versión, de algún modo, la encarnaba el joven John Hammond de Nueva York. Su madre, Emily Vanderbilt Sloane Hammond, era la bisnieta de Cornelius Vanderbilt, el primer magnate de los ferrocarriles. Ella fue una reformista progresista en el sentido clásico: “El orden social establecido era el que ella aceptó. Las minorias raciales no entraban en su mundo. Los negros eran porteadores y lavanderas. Los pobres existían y debían ser ayudados”, escribió John Hammond acerca de las ideas bienintencionadas de su madre aunque a menudo condescendientes, tan propias de las clases altas de la era progresista.
A medida que el interés de Hammond por la música negra crecía, se tambaleaba su incondicional confianza en la postura racial de su madre: “Mi colección discográfica era la prueba del talento único de los astistas negros -escribió-, aunque lo que he oido y me han enseñado sobre ellos contradiga el creciente respeto que les profeso”. Finalmente supo afrontar la contradicción de su madre. “John, ya eres mayor para conocer la realidad -le dijo-. Me doy cuenta de tu fascinación por la comunidad negra y quiero que sepas que todos somos iguales. Pero con los negros… sus cráneos se endurece a los doce años. “Hay” una diferencia.” Hammond reflexionó al respecto, pero después de escuchar sus discos de jazz favoritos llegó a otra conclusión: “Yo quise creerla -reconoció-, pero simplemente no pude”.
Libro:
Jackson, Buzzy: Disfruta de mi si te atreves (Bessie Smith, Billie Holiday, Aretha Franklin, Janis Joplin, Tina Turner y las grandes mujeres que marcaron la historia del blues)