La melancolía fija y la danza de los esclavos

By fraxi

Una enfermedad terrible, que azotaba los cargamentos de esclavos era la llamada “melancolía fija”. Incluso los esclavos bien alimentados, tratados con benevolencia y bajo aceptables condiciones sanitarias, morían a menudo, uno tras otro, sin ninguna razón aparente; simplemente por falta de ganas de vivir. La melancolía fija parece que fue especialmente abundante entre los ibos y entre las tribus cosechadoras de frutos de Gabón, pero la verdad es que ninguna nación negra fue inmune a ella. Aunque la enfermedad fue notada desde los primeros días del tráfico de esclavos, acaso quien mejor la ha descrito es George Howe, estudiante de medicina norteamericano que se embarcó en un buque negrero ilegal en 1859:

No obstante su aparente buena salud -dice Howe-, cada mañana nos encontrábamos con tres o cuatro muertos [...] ¿De qué morían? ¿Y por qué siempre de noche? En los barracones se sabía que si al negro no se le daban diversiones y no se les obligaba a moverse, pronto caía en la apatía y en el aburrimiento, pasándose las horas agazapado con la barbilla apoyada sobre las rodillas y los brazos rodeando las piernas, y al poco tiempo moría. Entre las razas civilizadas parece inconcebible que una persona pueda contener la respiración hasta que le sobreviene la muerte. Se piensa que el africano debe poder hacerlo. Les era imposible ocultar ningún objeto y por supuesto no se mataban unos a otros. Cuando encontraban a un esclavo sentado, con las rodillas dobladas y la cabeza gacha, el deber del capitán era hacerle levantarse y obligarle a correr por la cubierta, dándole de beber un poco de ron y tenerle distraido hasta que volviese a su estado normal.

Es imposible para un ser humano contener la respiración hasta morir. Una vez éste pierde la conciencia, los pulmones se le llenan de aire y la respiración se reanuda.

En otros barcos existía una “terapia” para la melancolía suicida y otros males de los esclavos:

Después de la comida matutina se celebraba una triste ceremonia llamada “danza de los esclavos”. “Los que llevaban grilletes -dice el doctor Thomas Trotter, cirujano del “Brookes” en 1783- debían ponerse en pie y hacer los movimientos que pudieran, dejando paso para los que no estaban encadenados danzasen alrededor de la cubierta”. La danza se prescribía como medida terapeútica, como específico contra la melancolía suicida, y tambien para combatir el escorbuto, aunque en este último caso era una tortura infligida inutilmente a hombres cuyos miembros estaban hinchados por la enfermedad. Mientras los marineros recorrían al cubierta, cada uno con un “gato de nueve colas” en la mano derecha, los esclavos “saltaban encadenados” hasta que sus tobillos quedaban en viva carne sanguinolenta. Un marinero afirmó ante el parlamento: “Me utilizaban para hacer bailar a los hombres, mientras otro hacía bailar a las mujeres”. La música la producía un esclavo aporreando un tambor roto, una marmita puesta hacia abajo o un banjo africano, si es que había alguno a bordo; a veces uno de los marineros tocaba la gaita o el violín. Los capitanes de barcos negreros publicaban a veces anuncios pidiendo “una persona que sepa tocar la gaita, para un navio de Guinea”. También se mandaba cantar a los esclavos. Decía el doctor Claxton, después de su viaje en el “Young Hero”: “Cantan pero no por diversión. El capitán les ordena cantar y entonan canciones melancólicas. Los temas corrientes eran la enfermedad, el temor a los golpes, el hambre y la remembranza de su país”.

Libro:
D. P. Mannix, Malcolm Cowley: Historia de la trata de negros

Una respuesta para “La melancolía fija y la danza de los esclavos”

  1. Ginebra Dice:

    Qué bonito y qué peligroso eso de poder morir por melancolía. En cuanto a la danza encadenada… bueno, unos bailarines colombianos me contaron una vez que ése es el origen de la cumbia; que solamente la bailan bien los que pueden imaginar que tienen cadenas en los pies.

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