Malva. Historia de un color que cambio el mundo

By fraxi

Titulo: Malva. Historia de un color que cambió el mundo
Autor: Simon Garfield
Editorial: Península | Atalaya

Las mujeres corrientes suelen consolarse solas. Algunas lo hacen poniéndose colores sentimentales. Nunca te fies de una mujer que vista de malva, tenga la edad que tenga, o de una mujer de más de treinta y cinco que le gusten las cintas rosas. Siempre quiere decir que tienen una historia.
Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray (1891)

Malva - Simon Garfield[De la trasera del libro] Hasta 1856, la creación de un color estaba supeditada a los materiales que ofrecía la propia naturaleza, es decir, los procedentes de animales, minerales o plantas. En ese año, un químico llamado William Perkin, que en realidad estaba buscando un tratamiento para la malaria, encontró, casi por azar, una forma de crear el color de forma artificial. Aquel primer color industrial fue el malva e inundó, a mediados del siglo XIX, las casas de moda de París y Londres.

Este hecho no tendría mayor relevancia de no ser porque marcó un antes y un después en la historia de la química e incidió decisivamente en el desarrollo de la medicina moderna, la fotografía y en diversos procedimientos industriales como la fabricación de perfumes, explosivos o productos farmaceúticos. “Malva” recoge el fascinante relato de este importantísimo descubrimiento científico que, a partir del anecdótico hallazgo de un color, cambió el curso de la historia.

El análisis nuevo más interesante fue el de Deane B. Judd, de la Oficina Nacional de Patrones, de Washington capital federal, quien había descubierto que Perkin y sus sucesores realizaron una contribución considerable a la lengua inglesa. De los 7500 nombres de colores registrados para entonces, más de cien se originaron directamente a partir de tintes sintéticos. Es decir, mientras casi todos los 7500 se podían crear artificialmente, había más de cien nombres -el verde antraceno, por ejemplo, o el amarillo de naftaleno- que correspondían a colores que se originaron realmente en la mesa del químico. Entre los demás nombres hay 528 de flores (amarilis, glicina), 427 nombres propios de lugares (del moreno de Amberes al de Zanzíbar), 340 nombres de colores puros (negro, azul, rojo), 290 pigmentos (verde cromo), 254 frutas (albaricoque, plátano), 239 alimentos (azúcar moreno, amarillo yema), 221 pueblos (azul holandés), 214 sustancias (ámbar, asfalto), 200 nombres de personas (verde de Robin Hood, rosa de Salomé), 183 botánicos (acacia), 149 objetos corrientes (rojo ladrillo), 144 tintes naturales (índigo, rubia), 133 pájaros (arrendajo) y 133 animales (el buff, de búfalo). Había 125 joyas (amatista), 123 metales (bronce), 121 elementos geográficos (azul de glaciar), 117 bebidas alcohólicas (absenta), 107 árboles (verde sauce), 105 fenómenos atmosféricos (el amarillo aurora), 83 aspectos del tiempo (niebla), 82 estados de ánimo (azul “funk” o azul canguelo), 79 cosas abstractas (azul triunfo), 72 de aventura y pasión (dorado arrebato), 64 de minerales (ágata), 60 de antigüedades (marrón antiguo), 59 de utilizaciones finales (gris acorazado), 56 de cuentos y supersticiones (escarlata duende), 55 de momentos del día (azul medianoche), 50 de la vida marina (coral), 50 de tejidos sin teñir (écru), 46 de mitología (Baco), 36 cerámicos (azul Wedgwood), 31 de ocupaciones religiosas (púrpura del cardenal) y 20 humanos (desnudo).

Había cientos más. De los 108 nombres registrados de los tintes sintéticos, los dos de los que más gente había oído hablar eran el magenta y el malva.

Libro:
Simon Garfield: Malva. Historia del color que cambio el mundo.

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