Capgras y Aquiles
… no es raro que algunas personas que no son impostores teman que las “descubran” como si lo fueran. Personas bien colocadas, con experiencia y conocimientos profesionales, y que deberían tener más juicio, temen, en el fondo de sus corazones, que un día alguien les dé una palmadita en el hombro y les diga: “Disculpe, pero ha habido un error. Es evidente que usted no está a la altura de este trabajo. Parece increíble que nos haya engañado tanto tiempo”. Las personas que trabajan en el mundo del arte, donde el éxito es cuestión de opiniones o gusto -no de criterios científicamente cuantificables-, son más propensas a plantearse este tipo de dudas. Todos nos las planteamos en cierta medida, pero algunas personas lo pasan tan mal que llegan a ponerse enfermas y creerse unos impostores. Este trastorno ha sido denominado “pseudocompetencia” o síndrome de Aquiles: los pacientes creen que sólo es cuestión de tiempo que alguien descubra su punto débil y que todo su mundo entonces se venga abajo. Si bien este síndrome es una manifestación extrema de una enfermedad que en la mayoría de los casos se limita a una sensación de molesta ansiedad, hay otro trastorno mental, asociado a la idea de impostura, que no guarda relación alguna con la experiencia de la mayoría de la gente y, por suerte, es extremadamente rara. El síndrome de Capgras hace creer al paciente que alguien muy próximo a él ha sido secuestrado o asesinado y sustituido por un doble exacto, casi siempre con malas intenciones.
En 1995 Alan y Christine Davies resultaron heridos en un accidente de tráfico. Ambos se recuperaron físicamente, pero Alan estaba convencido de que su mujer había muerto y de que Christine Dos, como la llamaba él, era una impostora. El psiquiatra Sudad Jawad observó que, cuando la pareja acudía a su consulta, Alan “actuaba como si no estuviera sentado al lado de una persona real”. Su mujer y su hija contaron que Alan había pasado de ser una persona sociable, extrovertida y cariñosa, que lo consultaba todo con su mujer, a ser una persona que apenas se comunicaba con ella y “no soportaba el contacto físico”. Después de dos años de tratamiento, el doctor Jawad llegó, muy a su pesar, a la conclusión de que el delirio de Alan era permanente e incurable. La pareja seguía viviendo junta [...], pero como decía Alan: “Tengo días buenos y días malos, pero sigo creyendo que mi mujer ha muerto”.
Libro:
Burton, Sarah: Impostores
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[...] Mal de Capgras, segun Hales-Talbott, consiste en que el enfermo cree que una persona muy estrechamente relacionada [...]