Grandes inventos boicoteados por el sentido común:
Gafas para pollos, para que las aves no se picoteasen unas a otras los ojos
Un completo sistema de salvavidas para naufragos, consistente en un traje que mantenÃa a flote y en posición vertical al accidentado durante dÃas.
El traje venÃa equipado con agua potable, comida, linterna, cohetes luminosos, cigarros y material de lectura para que la espera fuera amena.
Trenes con raÃles encima de cada vagón, para que si un tren rápido alcanzaba en la via a uno más lento, pudiera adelantarlo pasando sobre él.
El 1884, un británico llamado Harry Fell obtuvo una patente del gobierno para obtener oro a partir de trigo. Según él, si se empapaba el cereal en agua durante diez horas y luego se dejaba secar el lÃquido, el trigo se convertÃa en oro.
Un cebo artificial en forma de cuerpo de mujer desnuda que, supuestamente, servÃa para atraer a los tiburones (aclaración: se refiere a los animales… aclaración de la aclaración: a los animales marinos).
Un rallador de queso que, a la vez, era una trampa para los ratones
Otro invento prodigioso, del siglo XIX: un banco plegable para damas, en el interior del miriñaque de sus faldas, que se desplegaba automáticamente cuando la dama se disponÃa a sentarse, y que se volvÃa a plegar cuando ésta se ponÃa de pie.
Un magnetófono para adelgazar, que se ponÃa en marcha cada vez que el obeso se acercaba a la nevera con glotonas intenciones, para darle una reprimenda.
Una máquina para pardillos que eliminaba insectos a distancia, llamada Coetereador. Gracias a ella, los granjeros incautos podÃan acabar con las plagas de sus campos a kilómetros de distancia sólo con introducir en el chisme una foto de sus tierras y con meter dentro de él una carga de insecticida.
Docenas de inventores han ideado docenas de sistemas para ayudar a los golfistas a encontrar bolas de golf perdidas. Sin embargo, y puesto que siguen extraviándose muchas, cabe dudar del éxito de estos intentos:
- Rociar las bolas de golf con un producto quÃmico capaz de atraer a los insectos, de modo que el golfista, que previamente se habrÃa aplicado repelente, podrÃa dar con la nube de insectos y con la bola.
- Inyectar un producto quÃmico oloroso en las bolas de golf, para que la nariz de sus dueños pudiera dar con ellas.
- Introducir una pequeña cantidad de productos quÃmicos radiactivos en la bola para que el golfista, gracias a un contador Geiger, pudiera detectarla. Claro que si este artilugio se hubiera empleado, se habrÃan reemplazado las bolas perdidas por golfistas perdidos.
Libro:
Fenster, Bob: La estúpida historia de la especie humana
10/10/06 en 8:42 am |
Pues el invento de los naúufragos está chulo, hombre, no se porque no lo patentaron
10/25/06 en 1:43 pm |
Yo me quedo con el Coetereador.