Comer bien, dormir bien, ir adonde se desea, permanecer donde interese, no quejarse nunca y, sobre todo, huir como de la peste, de los principales monumentos de la ciudad.
Jules Renard, Journal, I
Uno cree ver una sombra acechante por el rabillo del ojo pero cuando te giras para mirarla ya no está allí. ¿Pareidolia en las áreas de visión periférica?
Lo más seguro pero la Gente Sombra (shadow people en la Wikipedia) también tiene sus admiradores que se niegan a aceptar esa explicación. Hay quien los ha observado durante largos ratos y hablan de siluetas humanoides de ojillos rojos, comparten estas experiencias en foros y buscan explicaciones sobre su origen: demonios, extraterrestres, fantasmas, viajeros temporales… Sí, viajeros temporales. En el futuro un turista temporal quiere ver la derrota de Atila en los Campos Cataláunicos y hacia allá va. Al hacerlo pasa brevemente por la casa, concretamente la cocina, de Marie SaintPierre en Châlons-en-Champagne y esa es la “explicación” a la sombra que creyó haber visto Marie mientras preparaba brioches. Solución: no vivir en lugares con mucha historia.

Para quienes todavía no tenemos la oportunidad de los viajes temporales y tenemos que conformarnos con ver pasar el tiempo en el aeropuerto nos queda la alternativa de ser asustados por nuestro compañero de asiento con las leyendas de la posición de seguridad en caso de emergencia -sentados, la cabeza entre las rodillas y las manos en la nuca. “…está pensada para ahorrar sufrimientos inútiles pues, en caso de accidente, produce fractura de cuello y, por tanto, una muerte rápida y sin dolor”, o quizás protege la cara y de ese modo facilita el reconocimiento de las cadáveres o evita el desmembramiento de cuerpos y que los servicios de emergencias pasen un montón de horas recogiendo mi cuerpo disperso, que tampoco es plan de andar molestando. En el instituto se murmuraba que los avisos de los profesores para que acudieramos a los viajes y excursiones documentados con el DNI tenía su explicación en el tipo de empresa de autobuses que habían contratado, a más barata más insistencia en la cuestión del DNI.

A diferencia de lo que ocurre en los EEUU no conocí, ni tengo noticias, de ninguna historia sobre estatuas de campus que cobrarán vida cuando una virgen circule frente a ella. Snopes repara algunas de estas leyendas que cuentan como algunas estatuas bajarán de sus pedestales, soldados de piedra dispararán sus armas, los leones rugirán o incluso la integridad estructural del edificio puede peligrar.
En las universidades también existen leyendas que afirman que las hermandades femeninas están prohibidas por la vigencia de viejas leyes contra la prostitución que prohiben que más de cinco mujeres convivan bajo un mismo techo, so pena de que la casa en cuestión adquiera la categoría legal de burdel.
Uniendo los viajes con la prostitución tenemos la historia de la mujer que viaja a un país exótico, exótico para Europa puede ser China y para EEUU… Francia. Allá van:
La esposa de un político de alto rango iba a visitar Hong Kong con su marido, así que consideró de buen talante vestirse para la ocasión. Incluso fue a un anticuario y compró algunas joyas. La más espectacular, un medallón de estilo oriental -como todo lo demás- de procedencia hongkonesa.
Viajaron, pues, al lugar y la mujer lució su medallón a diestro y siniestro hasta que un diplomático chino, en medio de una cena de las Naciones Unidas, le susurro: “Señora, con todo el respeto me veo obligado a comunicarle que la inscripción de su medallón la identifica como una prostituta pública con licencia para ejercer en la ciudad de Shanghái. No sé si usted estaba al corriente”.
La versión estadounidense:
Un pareja de Mineápolis, estaba haciendo turismo por Francia. Se alojaba en un carísimo hotel de París y una mañana, poco antes de volver a su país, decidieron salir medio día cada uno por su lado.
El marido quería ir a visitar algunos lugares de interés, mientras que a la mujer todavía le quedaban por hacer algunas compras. Acordaron que se encontrarían a mediodía delante del hotel.
La mujer regresó la primera y, mientras esperaba a su marido, empezó a pasear de arriba abajo por delante del hotel, o en el vestíbulo.
Unos gendarmes que pasaban por allí se fijaron en la mujer y le dijeron algo que ella no entendió. Estaban extendiéndole una multa cuando llegó el marido y sumó su voz a las protestas de ella, ya que no habían hecho nada incorrecto.
Ambos fueron conducidos a la comisaría de policia, dónde se acusó a la mujer de ofrecer sexo en un lugar público. Aunque la pareja explicó lo que había sucedido, la policía les dijo que corregir el error iba a requerir más tiempo del que les quedaba por pasar en París, y que sería más sencillo que la mujer se sacara una licencia para practicar la prostitución.
Así lo hicieron y ahora tienen la licencia enmarcada en su casa de Mineápolis.
Libros:
El fabuloso libro de las leyendas urbanas, Jan Harold Brunvand
El libro negro de las leyendas urbanas, Tomas Hijo
Imágenes:
(1) Shadow people según la Wikipedia
(2) Posiciones de seguridad en un avión, artículo de la BBC en español
(3) Silent Sam, estatua del campus de la University of North Carolina que disparará su fusil cuando una virgen pase ante él.
(4) Alegoría de la prostitución de la escultura de los pecados de Moscú.

Aquella travesía resultaba muy fatigosa para todos, pero era especialmente dura para Gúsev, que se enontraba en la taiga por primera vez. El respetable geólogo no tenía sentido de la orientación, a menudo se quedaba atrás, perdía nuestro rastro y se iba en otra dirección. Teníamos que buscarlo, lo que nos hacía perder un tiempo muy valioso. Era miope y sin gafas veía muy mal; pues perdió también las gafas y entonces ya no veía absolutamente nada. Confundía un arbol seco con una peña, 











británica era habitual encontrar a bordo a las mujeres del puerto, simulando ser las “esposas” de los marineros y complaciendo sus necesidades; el escándalo llegó a ser mayúsculo y las autoridades se vieron obligadas a intervenir para rectificar la situación).
filla a bordo para que lle desmeighallen o barco [...] E ighual que levar colghada á popa unhas braghas; hai moitos barcos que as levan, sobre todo cando van a caladoiros novos ou cambian de aparellos… O que pasa é que non poder ser novas. Cando demos a primera marea ó fletán en Terranova, alá polo Flemish, estuvemos toda unha noite nunha taberna do porto en San Pierre pa convenser unha fransesa de que nos vendera as súas; colghámonas do pavillon… ¡E ben que funsionaron!























