En 1485 sale del taller londinense del impresor William Caxton uno de los primeros “best-seller” de Europa: Le Morte D’Arthur, una extraordinaria “combinación de miedos y esperanzas, espadas y humedad genital, violencia y santidad, hematomas y besos, robustos atletas y blancas inocencias”.
Ese libro, y no otro, fue el que difundió por el mundo la idea artúrica y, con rarísimas excepciones, todas las aventuras escritas posteriormente [...], no fueron, ni son, más que extensiones, reducciones o variaciones del relato de “Le Morte”. Ese libro fijó el mito de un decorado que ha llegado hasta hoy, un decorado de tapices y arañas, joyas en las coronas y blancas túnicas, cotas de maya y trenzas rubias, castillos almenados y caballos magníficos servidos por palafreneros vestidos de terciopelo y tocados con gorros emplumados.

Pocos datos se tenía del autor, en el prefacio Caxton relata que el libro le había sido entregado por Sir Thomas Malorye (sic) y explica que el tal caballero se había limitado a transcribir al inglés algunos conocidos libros franceses. A mediados del siglo XIX el norteamericano George Lyman Kittredge inició una investigación por censos, genealogías, actas judiciales,
etc. de cualquier caballero apellidado Malory, Mallore, Maloroe, Malure y otras cosas parecidas que hubiera vivido en aquellas fechas. La suerte le sonrió en una crónica local de Warwickshire escrita por William Dugdale en 1656. Un libro que se había empleado para rastrear datos de la vida de Shakespeare y en el que nadie se había fijado en la existencia de un Thomas Malory que vivió en Newbold Revel entre 1433 y 1434, representó a su distrito en el Parlamento de Westminster y había servido en el sitio de Calais a las órdenes de Richard de Beauchamp, conde de Warwick. En 1897 Kitteredge publica su descubrimiento y aunque sólo es un Malory que vivió en la época y no podía demostrarse que fuera el autor de Le Morte D’Arthur disparó el interés entre otros eruditos.
Dos años más tarde el bibliotecario T. W. Williams descubre un documento intrigante en los archivos de la Catedral de Wells, un oficio real hecho público en 1468, por el cual un tal Thomas Malory queda excluido de un perdón real. No se menciona ni la razón por la cual tiene deudas pendientes con la justicia ni tampoco porque queda excluido del perdón.
En 1921 un especialista en Shakespeare, Sir Edmund Chambers, encontró varios documentos que no daban una imagen demasiado heroica de Malory, entre estos se hallaba una orden de arresto y una segunda exclusión de perdón real. En esa época el investigador de Harvard Edward Hicks intuye que la búsqueda será más fructifera si acude al Public Record Office de Londres dedicándose a indagar en los legajos correspondientes a los casos criminales habidos en Warwickshire durante el siglo XV. Su premio fue un acta de un preproceso incoado en Nuneaton, Warwickshire, el 24 de agosto de 1451, contra un individuo llamado Thomas Malory, al que se le acusaba de lo siguiente:
- El 4 de enero de 1450, al frente de una banda de hombres armados, atentó contra la vida del duque de Buckingham.
- El 23 de mayo de 1450 penetró en casa del ciudadano Hugh Smyth y violó a la esposa de éste, llamada Joan.
- El 31 de mayo de 1450 estafó cien chelines a sus vecinos, Margaret Kyng y William Hales.
- El 6 de agosto de 1450 volvió a irrumpir en casa de Hugh Smyth, volvió a violar a Joan y, de paso, se llevó cuarenta libras.
- El 31 de agosto de 1450 estafó veinte chelines a un tal John Mylner.
- El 4 de junio de 1451 se trasladó con sus colaboradores a Leicestershire y, en una sola jornada, robó siete vacas, dos cabras, un carro y trescientas treinta y cinco ovejas.
- El 23 de julio de 1451 tuvo una bronca con los cartujos de Axholme. Intervino el rey Enrique VI y, por fin, Sir Thomas fue detenido.
- El 25 de julio de 1451 se escapó de la cárcel.
- El 28 de julio de 1451 capitaneó un tumulto en la abadía cisterciense de Blessed Mary, en Coombe. Entró en el convento, insultó y golpeó a los frailes, saqueó las arcas del abad y se llevó, además de joyas y dinero, los ornamentos litúrgicos.
- Al día siguiente volvió a la abadía, rompió dieciocho puertas, insultó al abad, forzó armarios y arcones y se llevó lo poco que quedaba. Ese mismo día fue detenido por segunda vez.
¿Era este hombre el autor de Le Morte D’Arthur? Algo parecido a una respuesta llegó en el verano de 1934 cuando el bibliotecario del Winchester College, W. F. Oakeshott, encontró el original que William Caxton había recibido para su impresión. El análisis demostraba que ese manuscrito como el libro impreso por Caxton eran versiones distintas de un texto anterior desconocido y que el impresor-editor había modificado el original de Malory alterando párrafos, añadiendo frases de su cosecha y suprimiendo las notas de caracter personal que Malory había redactado al final de cada aventura parcial donde daba testimonio de sus azarosas experiencias carcelarias.
Casi nadie ha podido digerir la otra verdad: que Malory fuera un bandido. Con un emocionante deseo de encontrar justificaciones, críticos e historiadores han tratado de explicar, y todavía continúan su empeño, que el siglo XV inglés fue una época turbulenta, hirviente, perpetuamente ensangrentada, en la que hombres como Malory no siempre fueron delincuentes, sino soldados, políticos y ciudadanos arrastrados a la tormenta y luchadores en el caos tormentoso. A lo mejor era mentira cuanto los jueces dijeron de Malory. A lo mejor le habían robado a él las vacas y las ovejas. A lo mejor el intento de secuestro del duque de Buckingham no fue más que un golpe de mano fallido en el marco de la guerra civil.
Libro:
Arturo Rey, Felipe Mellizo
Imágenes:
Victorian (mostly) Artists of Arthurian Legend (Moltes gràcies Caviar Girl)